En esta columna de análisis, Joaquín Manso examina las profundas implicaciones de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, interpretándola no solo como un evento aislado, sino como el nacimiento de una era donde la discrecionalidad unipersonal de Donald Trump redefine el orden global. El autor sostiene que la operación militar envía un mensaje de poder sin restricciones, basado en la premisa de que la fortaleza es la única moneda de cambio en el mundo real. Esta «nueva gramática del poder» marca el regreso crudo de la doctrina de que la fuerza hace el derecho, dejando a una Europa dubitativa sin alternativas liberales frente a la fragmentación de esferas de influencia.
Manso subraya que el verdadero destinatario de este golpe estratégico es China. Tras años de expansión financiera de Pekín en América Latina y la conversión de Venezuela en una plataforma para Rusia, Irán y Cuba, Washington ha decidido reactivar un corolario de la Doctrina Monroe. El objetivo es disuadir la presencia de potencias externas en una región vital por sus recursos naturales y su seguridad. No obstante, el autor enfatiza que la legitimidad de la transición no proviene de la intervención armada, sino de la victoria electoral de María Corina Machado y Edmundo González, quienes representan la memoria democrática de un país que, a diferencia de Irak o Libia, posee una sociedad civil cohesionada.
El análisis destaca un obstáculo insuperable para la supervivencia del chavismo bajo figuras como Delcy Rodríguez: la falta de confianza para la inversión. Según Manso, el interés económico es el motor de esta política exterior, y el sector empresarial internacional difícilmente apostará por un país donde se mantenga la camarilla que usurpó el poder. La estabilidad y la seguridad jurídica requieren un gobierno con respaldo popular. Por ello, el plan de reconstrucción nacional propuesto por Machado —centrado en el orden constitucional, la propiedad privada y la reconciliación— se presenta como la única vía para restaurar el Estado de Derecho. En conclusión, el autor advierte que, aunque el orden liberal parezca agonizar en un mundo regido por la fuerza, no puede haber progreso real ni estabilidad duradera sin límites morales al ejercicio del poder.






