Cada vez más personas mayores en situación de dependencia sueñan con un lugar en un centro de atención durante el día. Esperan mientras pierden autonomía, mientras sus familiares, principalmente mujeres, se enfrentan en soledad al reto del cuidado. Los centros de día son un recurso esencial: permiten que los mayores permanezcan en sus hogares, lo que la mayoría desea, y reciban atención profesional durante el día. Ofrecen cuidados médicos, estimulación cognitiva y social, apoyo emocional y un respiro imprescindible para las familias cuidadoras. Pero la realidad choca con la necesidad. La oferta es claramente nula, y muchas de estas personas personas no llegan a tiempo, porque antes nos van a dejar. La consecuencia: ingresos nulos o cuidados precarios en casa. Desarrollar una red de centros de día no puede seguir siendo ignorado. Es una deuda con quienes construyeron esta sociedad, una cuestión urgente de dignidad y justicia social.
Fernando Serrano Echeverría.






