El periodista Antonio Caño aborda la crisis de credibilidad que atraviesa la profesión periodística, argumentando que el deterioro es resultado de las malas prácticas internas de los propios profesionales y no de ataques externos o decisiones judiciales.
Caño inicia señalando que la presencia de periodistas en el centro del debate público, como protagonistas en lugar de relatores, es una «mala noticia» y una distorsión de su función social. Este protagonismo se hizo particularmente notorio a raíz de las comparecencias de varios colegas en el reciente juicio contra el fiscal general de España. El autor critica la «desmesurada trascendencia» que una parte de la profesión le otorgó a estos testimonios, minimizando su valor real.
El columnista subraya que la declaración de un periodista en un juzgado tiene el mismo valor que la de cualquier otro ciudadano. La decisión de los jueces se basará en criterios jurídicos, y la profesión de los declarantes «no debería de influir en lo más mínimo.»
Las Verdaderas Causas de la Crisis
El punto central de la columna es un rotundo rechazo al argumento de que la credibilidad periodística está en riesgo por el eco que sus palabras tengan en los juzgados. Caño califica esta idea de «disparate» y sostiene que el cuestionamiento social a la profesión se debe a los «méritos propios acumulados por nosotros mismos» en los últimos años.
El autor enumera las razones específicas por las cuales la credibilidad está «cuestionada por la sociedad»:
- Abuso de Opinión sobre Investigación: Los periodistas pasan «más tiempo opinando que investigando.»
- Sesgo Ideológico Manifiesto: Los medios responden a un «guión ideológico prefabricado» donde se hace encajar cada noticia, permitiendo que los ciudadanos prevean el contenido antes de abrir el periódico.
- Protagonismo en Tertulias: La constante presencia en tertulias, «predicando sobre cualquier cosa sin cuidar siquiera la apariencia de imparcialidad,» contribuye a la pérdida de seriedad.
- Panfletos al Servicio del Poder: Medios de prestigio se han convertido en «auténticos panfletos al servicio del Gobierno,» sin respeto por la inteligencia de sus lectores y sin cumplir con la obligación de ofrecer información plural, justificándose con una pluralidad «cosmética.»
- Malas Prácticas Profesionales: La credibilidad se ve minada por el abuso de fuentes anónimas, la ausencia de contraste de las noticias, la constante elevación de un chisme a categoría de información y la falta de diversidad de fuentes y citas literales.
Caño concluye que, en lugar de «lloriquear sobre cuánto caso nos hacen los jueces,» los periodistas deberían entablar un debate profundo sobre estas malas prácticas para recuperar la confianza de la sociedad. Si los jueces hicieran el caso que la profesión se ha ganado con su reputación en los últimos años, el autor sugiere que «no nos harían ninguno.»






