Resulta paradójico, por decir lo menos, que la ciudad que algunos indicadores se empeñan en pintar como un oasis de seguridad, hoy se vea asediada por una preocupante serie de incendios. Provocados o no, las llamas están dejando una estela de interrogantes sobre esa otra seguridad, la que debería protegernos de riesgos como estos. ¿Dónde está la tan pregonada «ciudad segura» cuando el humo y el peligro acechan a la población?
La realidad es que estos siniestros no solo representan una amenaza directa para los ciudadanos ante la posibilidad de un descontrol, sino que también exponen innecesariamente a nuestro valeroso H. Cuerpo de Bomberos. A esto se suma el grave problema de contaminación que inevitablemente generan los materiales consumidos por el fuego. Y volvemos al punto de partida, a la pregunta que resuena con urgencia: ¿En dónde está Protección Civil?
¿Acaso estos incendios eran inevitables? ¿Se han revisado diligentemente los accesos y límites de los predios donde se originan? La sensación amarga es que los reglamentos parecen ser letra muerta, la supervisión, una quimera. La falta de previsión y actualización normativa nos coloca peligrosamente al borde del abismo.
Nadie desea una tragedia. Pero si esta llegara a ocurrir, la sombra de la orfandad en materia de protección civil se cerniría sobre nuestra ciudad. Es imperativo que el cabildo tome cartas en el asunto, que estudie a fondo estas problemáticas y realice las correcciones necesarias a reglamentos y leyes locales. La inacción no es una opción.
Por su parte, los legisladores no pueden permanecer indiferentes. Es momento de que el Congreso aplique su mayor esfuerzo para que la seguridad y la protección civil avancen con determinación. No podemos seguir exponiendo a nuestros bomberos y a la ciudadanía a riesgos que, con una gestión adecuada, podrían evitarse.
Desde la ubicación de terrenos destinados a desechos, el análisis del uso de suelos, hasta la regulación de la acumulación de materiales en las recicladoras, sus accesos y perímetros de seguridad: la tarea para regidores y legisladores es extensa y demandante. Pero no olvidemos que esta es su responsabilidad. La seguridad de nuestra comunidad no es un lujo, es un derecho que exige atención inmediata y acciones concretas. La «ciudad segura» debe demostrarlo con hechos, no solo con estadísticas cuidadosamente elaboradas. El humo que hoy nos asfixia es un grito desesperado por una protección civil que esté presente, que prevenga y que garantice la seguridad real de todos.






