En esta columna, Ángel Antonio Herrera disecciona con ironía y agudeza una figura que cobra un protagonismo inevitable durante las festividades decembrinas: el pariente incómodo. El autor presenta a este personaje no solo como un vínculo familiar, sino como una condición existencial, describiéndolo como una zambomba hablante y un charlatán de chistes que encuentra en la cena navideña el escenario perfecto para su despliegue de supuesta sabiduría, alimentada por el consumo de alcohol.
Herrera establece una conexión satírica entre este pariente incómodo y el oficio del tertuliano u opinador profesional. Señala que, mientras en otros países europeos la figura del intelectual que opina sobre cualquier tema resulta exótica o incomprensible, en España es una institución nacional. Para el autor, el tertuliano es simplemente la profesionalización del pariente incómodo, una versión que cobra por ejercer esa cháchara divagante y omnisciente que en la mesa familiar se ofrece de manera gratuita y ruidosa.
El análisis del autor subraya la versatilidad temática de este personaje, quien presume entender de toros, poesía, fútbol o política sin haber profundizado realmente en nada. Herrera describe esta capacidad como una «cátedra alegre» basada en una «conversación de todas las nadas». Lo define como alguien que sabe una barbaridad de aquello que ha leído por ahí, a pesar de no haber leído nada en absoluto, convirtiendo la opinión en una simple forma de estar sentado y ocupar espacio.
A pesar de la crítica mordaz hacia su falta de profundidad y sus abrazos a destiempo, el autor reconoce en este pariente una función dentro del engranaje de la convivencia navideña. Aunque su presencia pueda provocar entretenimiento o cabreo según avance la contabilidad de los chupitos, Herrera sugiere que este personaje ignora que, entre copas, está ejerciendo un rol social casi laboral. La síntesis del texto nos muestra a un autor que, mediante el humor, retrata la idiosincrasia de la sobremesa española, donde el pariente incómodo se convierte en el reflejo de un país que pluriemplea la palabra y la opinión como deporte nacional.






