Un Análisis de la Respuesta Israelí y el Patrón Histórico del Sionismo Radical
El artículo de opinión de Eva Vázquez e Ignacio Sánchez-Cuenca, «Dos años de barbarie», ofrece un análisis crítico y estructurado del conflicto desatado a partir del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, argumentando que la respuesta de Israel se enmarca en un patrón histórico de anexión territorial y eliminación de la viabilidad de un Estado palestino. Los autores diferencian la incursión inicial de Hamás de un simple atentado terrorista, calificándola como un «acto de guerra» por su escala y concepción, aunque subrayan que su verdadero objetivo no era sostener un conflicto bélico, sino demostrar la vulnerabilidad israelí, situar la causa palestina en el centro de la atención global y reventar los Acuerdos de Abraham.
El análisis destaca el «error de cálculo» de Hamás, cuyos magros «logros» (visibilidad global y el hundimiento de la reputación de Israel) tienen un costo desproporcionado: la aniquilación de sus milicias y la exclusión de toda solución futura para Gaza. El texto se vuelve particularmente incisivo al trazar un patrón recurrente en la historia israelí: utilizar los ataques externos como coartada para avanzar hacia el proyecto del Gran Israel. Los autores citan la Nakba de 1948 y la Guerra de los Seis Días en 1967 como precedentes donde Israel respondió a la agresión con la anexión de nuevo territorio.
Frente al argumento israelí de la necesidad de garantizar la seguridad frente a la «amenaza permanente» —un discurso esgrimido para justificar la brutalidad de su respuesta—, el artículo contrapone la profunda asimetría del conflicto. Los autores señalan una cifra estimada de más de 65.000 palestinos muertos, con un 80% de víctimas civiles, en comparación con las bajas israelíes. Esta desproporción no solo configura una «destrucción de vidas humanas sin precedentes», sino también el arrasamiento del tejido urbano y económico de Gaza.
Los autores sugieren que esta respuesta, más allá de la seguridad, es un «paso crucial» en la realización de un Israel que se extienda «desde el río hasta el mar». La dureza de la operación es atribuida a un «Gobierno ultranacionalista de extrema derecha» y a una «impiedad escalofriante» de la opinión pública israelí. El texto concluye con un tono pesimista sobre el futuro palestino, incluso ante un potencial cese de hostilidades, ya que el plan de paz post-conflicto, impulsado por fuerzas externas, parece conducir a la supervivencia de los palestinos en «reductos fuertemente vigilados e intervenidos» y no a una coexistencia viable. El artículo, en su conjunto, opera como una severa advertencia sobre los riesgos de la extrema derecha y la degradación moral que esta conlleva en la política internacional.






