Sonia Corona, publicada en El País.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) enfrenta una contradicción que millones de derechohabientes conocen de primera mano: es una de las instituciones fundamentales de la seguridad social en México, pero sus carencias operativas, el desabasto de medicamentos, la falta de personal y el deterioro de sus instalaciones limitan su capacidad para atender a la población.
En su columna La tragedia del IMSS, publicada en El País, la periodista Sonia Corona expone una realidad que va más allá de las protestas recientes de los trabajadores en Ciudad de México. El problema, señala, es estructural y se ha acumulado durante décadas. México cuenta con un sistema de seguridad social que representa una conquista de los derechos laborales, pero que no ha crecido al ritmo de las necesidades de una población que pasó de 21 millones de habitantes en 1943 a cerca de 130 millones.
Actualmente, el IMSS atiende a 78 millones de personas, mientras que solo 23 millones son asegurados que contribuyen directamente mediante sus cuotas. La institución debe responder a una demanda creciente con recursos y capacidades que no siempre corresponden a las necesidades reales de sus usuarios.
Corona también relaciona las movilizaciones de los trabajadores con las inconformidades salariales, las negociaciones del contrato colectivo y las dudas sobre la representación sindical. Sin embargo, las protestas han vuelto a poner sobre la mesa problemas que afectan tanto al personal médico como a los pacientes: medicamentos que no están disponibles, instalaciones deterioradas y equipos insuficientes.
La periodista subraya que los contrastes son profundos. El IMSS puede contar con médicos y especialistas de gran experiencia, realizar procedimientos de alta complejidad y ofrecer tratamientos con tecnología avanzada, pero también puede mantener a un paciente durante meses en espera de un estudio indispensable o enviarlo a una clínica sin los insumos necesarios. A estas deficiencias se suman casos graves, como la muerte de 18 recién nacidos en una unidad de cuidados intensivos de Guadalajara, y, en el extremo opuesto, intervenciones exitosas que muestran la capacidad de sus profesionales.
Como derechohabiente, reconozco en este diagnóstico una realidad que no necesita demasiadas explicaciones para quienes hemos utilizado sus servicios. Las largas esperas, las dificultades para conseguir medicamentos y las limitaciones de atención no son simples estadísticas: forman parte de la experiencia cotidiana de muchos pacientes.
El anuncio de una consulta en 277 centros del IMSS, impulsada por su director, Zoé Robledo, abre la posibilidad de identificar carencias y atenderlas. Pero el desafío consiste en convertir ese diagnóstico en soluciones concretas. Como concluye Sonia Corona, la institución necesita atención urgente: de su recuperación dependen la salud, la seguridad y la calidad de vida de millones de mexicanos.






