SALTILLO.— Qué gran manera de demostrar confianza en la militancia local. El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional decidió que, ante la sequía de liderazgos propios, lo mejor era importar una salvadora desde Durango para encargarse de lo que queda del blanquiazul en Coahuila.
Así, la diputada federal Verónica Pérez Herrera fue nombrada al frente de la nueva Comisión Directiva estatal, flanqueada por Jorge Calero García en la Secretaría General. Una jugada maestra del CEN para maquillar la dolorosa realidad: ya nadie confía en los panistas de casa.
Los resultados no mienten. Desde aquellos lejanos 2017 en los que el partido rozó los 400 mil votos, la debacle ha sido monumental. Entre pactos disimulados, el coqueteo eterno y el respaldo incondicional para la investidura del actual gobernador Manolo Jiménez, el blanquiazul local se convirtió en un apéndice tricolor más útil al PRI que a la oposición.
El saldo de tan brillantes estrategias políticas fue masivo: una desbandada histórica de militantes y ciudadanos decepcionados que prefirieron huir antes que seguir aplaudiendo la demolición de su propio partido.
Ahora, con una dirigente importada y un cascarón político sostenido con alfileres, el PAN nacional pretende convencer a Coahuila de que las cosas van a cambiar. Seguro que trayendo foráneos recuperarán la memoria y los votos perdidos.






