Los señuelos y provocaciones para que la presidenta Claudia Sheinbaum insinúe siquiera un distanciamiento con Andrés Manuel López Obrador o un cambio de rumbo de la 4T, así sean matizados, menudean también en las ruedas de prensa de Palacio Nacional. El tema de seguridad, donde los críticos observan la fisura que pudiera devenir fractura, es el más recurrente. «Nosotros tenemos una estrategia que consta de cuatro ejes. Tú quieres sacarme una declaración que no te voy a dar. (…) Nos tocan momentos distintos, a él le tocó gobernar de 2018 a 2024 y a mí me toca, si así de decide el pueblo de México, del 1 de octubre de 2024 al 30 de septiembre de 2030», respondió a una reportera en la mañanera del 10 de febrero.
Sheinbaum refutó el argumento opositor contra el plan anticrimen puesto en marcha hace siete años: «Hay esta idea de que abrazos no balazos era darle carta blanca a la delincuencia organizada, cosa que es totalmente falsa. (…) Abrazos, no balazos, no quiere decir que estamos cruzados de brazos. (…) A los jóvenes: educación, cultura, deporte, empleo, derechos, no guerras como las de Calderón. Atendemos las causas, brindamos los derechos al pueblo de México que le fueron arrebatados durante todo el periodo neoliberal y hacemos nuestro trabajo». La estrategia es, pues, la misma, con los ajustes del caso para reforzarla, lo cual ha permitido disminuir la incidencia delictiva, dijo la mandataria.
Las oposiciones y los poderes fácticos dieron a los «abrazos» el sentido de rendición y complicidad para atacar al Gobierno. El entonces nuncio apostólico de México, Franco Coppola, explicó el concepto. «La guerra contra el narco, desplegada en sexenios anteriores, “no sirve” (…) en Italia tenemos la experiencia de la mafia. (…) abrazos, no balazos es un eslogan, y como tal, no dice toda la riqueza, profundidad y complejidad». (…) Fue una forma de decir “no queremos más balazos”, pero hay todo un trabajo atrás. El camino que ha iniciado el Gobierno es correcto, pero no pienso que en un sexenio se pueda solucionar un problema de años. El Gobierno solo no puede. Es necesaria la colaboración de la ciudadanía, de la sociedad civil, de la Iglesia, (…) todas las estrategias anticrimen pueden requerir ajustes» (La Jornada, 26.12.21).
López Obrador popularizó el eslogan, que sus adversarios y la prensa hostil a la 4T utilizaron para significar el fracaso de la estrategia de seguridad, pero él no lo inventó. La idea original —«Regale abrazos, no balazos»— pertenece a Arminé Arjona, poeta y escritora de Ciudad Juárez donde cobraron auge los feminicidios en la última década del siglo pasado. Quizá AMLO leyó la frase en
una de sus giras por el país y la convirtió en consigna, sin darle crédito a Arjona. Cosa que sí hizo el entonces secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en una sesión del Congreso de Chihuahua.
El escritor Jesús Silva Herzog-Márquez afirma que si entre la presidenta Sheinbaum y AMLO «no ha habido una ruptura, sí ha habido separación en asuntos relevantes. La estrategia de seguridad es el ámbito donde esa separación es más evidente, pero desde luego, no es la única. Aunque no se haya declarado formalmente su fin, la política de los abrazos es cosa del pasado. Lo que innegable es que ahí donde veíamos impulsividad, ahora vemos cálculo. Sheinbaum no es, como ha demostrado frente a Trump, una política de arrebatos sino de disciplina estratégica» (Reforma, 29.09.25).






