Desde las protestas por el derecho a la vivienda en España o Portugal o las violentas manifestaciones de Francia, la juventud europea muestra una creciente frustración y ve imposible construir un futuro digno
Tim Vlandas, profesor de Oxford, explicó al New York Times que el hilo conductor que une todas las protestas juveniles europeas es la brecha generacional.
La Generación Z clama por mayor inversión educativa, un mercado laboral estable y un acceso a la vivienda digna. En cambio, los mayores de 65 años priorizan el sistema de pensiones y el estado del bienestar, la protección del valor de sus propiedades o una inflación baja.
Dado que la población mayor representa segmentos más amplios de las poblaciones, su influencia política también ha crecido. Vlandas considera que esto supone un “estancamiento económico sostenido democráticamente”.
Otros analistas destacan el riesgo político que podría derivar en caso de que las demandas juveniles no encuentren respuesta institucional.
Entre otros escenarios, podría producirse una radicalización de las movilizaciones, extenderse las huelgas y provocar conflictos presupuestarios que deriven en mayor inestabilidad política en el viejo continente.






