Editorial del periódico El País
La situación en Gaza tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 no es simplemente una «catástrofe humanitaria»; es una estrategia deliberada del gobierno de Benjamín Netanyahu para imponer el hambre a la población civil palestina, constituyendo uno de los mayores fracasos morales internacionales de nuestro tiempo. Mientras miles de camiones con ayuda humanitaria permanecen bloqueados en las fronteras, cientos de miles de personas en la Franja sobreviven en condiciones infrahumanas, descritos como «cadáveres andantes».
Netanyahu ha transformado el hambre en un arma de guerra, por lo que deberá rendir cuentas. Esta táctica se ha desarrollado gradualmente, comenzando con ataques intencionados a ONG internacionales, como la criminalización de la UNRWA y el bombardeo de convoyes como el de World Central Kitchen, donde fallecieron varios trabajadores. El siguiente paso fue la creación por Israel y EE. UU. de una supuesta ONG con seguridad privada militarizada para el reparto de alimentos, resultando en la muerte de un millar de civiles tiroteados al intentar obtener comida. El mensaje es claro: morir de hambre o morir en las colas del hambre, con el gobierno israelí ejerciendo un control total sobre la vida y la muerte de los civiles palestinos.
Los hechos sugieren que el primer ministro israelí busca hacer de la Franja un territorio inhabitable para forzar la emigración masiva de su población, un plan de desposesión y desplazamiento colectivo que evoca los episodios más trágicos del siglo XX. La indignación retórica ha reemplazado a la acción diplomática, y la comunidad internacional se limita a condenar mientras la arquitectura global para garantizar los derechos humanos se desmorona.
Aunque algunos países, como Alemania, Francia y el Reino Unido, han elevado su voz contra la ofensiva israelí en Gaza, la Unión Europea sigue en un bloqueo que le impide incluso revisar su Acuerdo de Asociación con Israel. La intransigencia de Netanyahu, respaldada por Washington, se evidenció con la reacción a la noticia de que Francia reconocerá el Estado palestino en septiembre, lo que llevó a acusaciones infundadas de connivencia con Hamás. Esta tragedia palestina se ha convertido en una vergüenza colectiva y un fracaso moral de la comunidad internacional.






