Síntesis de la columna de opinión de Angy Cohen
En su columna, Angy Cohen critica la reacción de ciertos sectores activistas occidentales ante el cese al fuego y la liberación de rehenes israelíes y presos palestinos en Gaza, calificando la paz de «inoportuna» para aquellos que habían convertido el brutal conflicto en un mero símbolo de sus propias cuitas políticas.
La autora señala que, tras dos años de manifestaciones enfocadas en el «Stop the Genocide», la llegada de la paz no parece generar entusiasmo entre los «buenos del mundo», quienes experimentan el alto el fuego como una interrupción a su «explosión creativa» y «catarsis colectiva» en torno a la causa de Gaza.
Cohen subraya la tendencia a ver el horror de Gaza como un evento «incomparable» o excepcional, un mecanismo necesario para aliviar la propia conciencia occidental. Esta excepcionalidad permite ignorar masacres anteriores y proyectar sobre el conflicto los propios problemas e identidades políticas.
La Mercantilización del Conflicto
La crítica se intensifica al abordar la frivolidad del activismo simbólico. Cohen denuncia que, incluso en los días previos al alto el fuego, la retórica de la resistencia se mantuvo, ejemplificada en huelgas generales y la proliferación de merchandising: pendientes, colgantes, sudaderas y bolsos con símbolos como la sandía o el patrón de la kufiya. El gesto de comprar estos artículos en medio de una crisis humanitaria es, para la autora, una muestra de la banalidad de convertir un conflicto brutal en una moda que eleva moralmente a quienes se la apropian.
La Violencia de la Simplificación
Finalmente, la columna se centra en la peligrosa simplificación identitaria del conflicto. Cohen argumenta que la izquierda «ilustrada y bienpensante» se alía con la retórica de la resistencia de Hamás, reduciendo a los palestinos a un «símbolo» de la pira sacrificial. Al traducir la guerra asimétrica en términos binarios de «poderosos y sometidos», se elimina el matiz y el disenso, reproduciendo la dinámica violenta del conflicto.
La autora concluye que el lema «Palestina será libre desde el río hasta el mar» es el ejemplo más claro de esta «violencia pacifista», pues aspira a la eliminación del otro. Cohen plantea que si la imaginación de un «mundo mejor» pasa por la desaparición de millones de personas, el activismo debe cuestionar si está realmente a la altura de la paz que exige.






