El panorama de seguridad en México ha dado un vuelco drástico este domingo 22 de febrero de 2026. Según reporta desde la Ciudad de México, el Gobierno Federal confirmó el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder absoluto del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG). El operativo militar, ejecutado en la madrugada en el municipio de Tapalpa, Jalisco, pone fin a la trayectoria del último gran capo de la vieja guardia que permanecía en libertad, tras las capturas de figuras como Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada.
La relevancia de este suceso no es solo simbólica, sino estratégica y personal. Se destaca que la caída del Mencho representa la culminación de un esfuerzo liderado por el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quien en 2020 sobrevivió a un atentado directo perpetrado por este grupo criminal en la capital del país. Bajo la administración de Claudia Sheinbaum, la estrategia de inteligencia se intensificó desde enero de 2025 con la incorporación de asesores clave como Nicolás González Perrín, artífice de capturas previas de alto perfil. En el último año, esta presión se manifestó en la congelación de cuentas bancarias, el arresto de políticos coludidos y sanciones internacionales a empresas turísticas ligadas a la organización.
A pesar del éxito operativo, las consecuencias inmediatas han sumido a varias regiones en el caos. El reporte indica una respuesta violenta sistemática que incluye bloqueos de carreteras, incendios de vehículos, ataques a fuerzas del orden y saqueos en establecimientos comerciales. El CJNG, una estructura que genera ingresos anuales superiores a los 3,000 millones de dólares y con presencia en Sudamérica y Europa, ha demostrado su capacidad de fuego frente a la pérdida de su fundador.
El Mencho se distinguió por mantener un perfil bajo, alejado de la ostentación mediática de otros narcotraficantes, centrándose en una expansión agresiva que diversificó los ingresos del cártel hacia el robo de combustible y estafas a gran escala. Por su captura, el Gobierno de Estados Unidos ofrecía 15 millones de dólares, mientras que México mantenía una recompensa de 30 millones de pesos. Aunque la inteligencia estadounidense colaboró con información, la ejecución del operativo en Tapalpa fue estrictamente nacional, marcando un hito en la política de seguridad vigente que busca desarticular las finanzas y los liderazgos de las organizaciones transnacionales.






