«“Mis diputados […], militantes del mismo partido, del PRI, no estamos muy de acuerdo [con la reforma constitucional en materia electoral]; es más, no estamos de acuerdo y simplemente no se aprueba aquí”. Y así fue: en octubre de 2007, unas semanas después de las declaraciones del gobernador Humberto Moreira (2005-2011), el Congreso de Coahuila, entonces con mayoría de sus diputadas y diputadas, votó en contra de la reforma electoral que estableció, entre otras cuestiones, un nuevo modelo de comunicación política que no era del agrado del mandatario estatal». Así empieza Ómar Báez Caballero su ensayo «La (in)trascendencia de las legislaturas locales en el federalismo: el caso mexicano».
El texto del profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM forma parte de los 19 reunidos en el libro Los congresos locales en México. Un estudio comparado sobre la representación política, editado por la Universidad Nacional y el Instituto Nacional Electoral (INE) en el 2021. Khemvirg Puente Martínez y Érika García Méndez, coordinadores del proyecto, advierten que, frente a la transformación de los poderes públicos, acelerada por la democratización del país y «el papel central que debieran jugar los congresos locales, hasta ahora existe limitada evidencia de los cambios que estas instituciones políticas han tenido en los últimos años». Ponen asimismo de relieve el sometimiento de las legislaturas locales y su «escasa capacidad de resistencia frente al poder de los gobernadores y los poderes nacionales».
Báez señala que «la aprobación casi automática de las adiciones o reformas a la Constitución federal por parte de la mayoría de las legislaturas locales» tiene una explicación jurídica: el papel mínimo que se les asigna en el procedimiento, limitado a «aprobar o no aprobar»; y otra de teoría política: el control que sobre ellas ejercen los partidos con registro nacional, cuyas bancadas habían aprobado previamente las reformas en el Congreso de la Unión. El segundo punto vuelve la mirada hacia los gobernadores, pues su influencia en el parlamento federal aumentó durante las presidencias de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, cuando también los diputados y senadores eran nombrados por ellos.
El académico observa la necesidad de profundizar en la función de las legislaturas estatales en el contexto del cambio constitucional del país. Por tanto, su trabajo pretende «explicar las causas y consecuencias de la (in)trascendencia que en México tienen los congresos locales sobre el cambio constitucional y sobre la transformación del federalismo en un sentido más amplio». Frente a la interacción «sin discordancias» entre los congresos federal y locales, «el federalismo […] está lejos de expresarse como sinónimo de división de poderes».
Esperar que las legislaturas contrarias a Morena (hoy apenas cinco, entre ellas la de Coahuila) contrapesen las decisiones del Congreso federal «sería mucho pedir», dice Báez. Sin embargo, la posibilidad está abierta, como en otros países, máxime si los congresos adquieren «conciencia plena de sus facultades». Para ello necesitan adoptar primero una posición firme y decidida con los gobernadores que los miran, no como representantes populares, sino como subalternos, y sin el menor rubor les dictan consignas en público para aprobar o rechazar lo que conviene a sus intereses. Como lo hacía Moreira, quien, por cierto, nunca fue diputado.






