El periodista David Marcial Pérez analiza en su reciente crónica el accidentado viaje de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a tierras mexicanas. A través de una comparación con el escritor Ramón María del Valle-Inclán, el autor describe cómo una gira de diez días, diseñada originalmente como un homenaje histórico y un acercamiento político, terminó convirtiéndose en un escenario de desencuentros y retórica encendida.
La agenda de la mandataria madrileña contemplaba desde actos en honor a Hernán Cortés hasta reuniones con gobernadores del PAN y un cierre en una gala de premios en Cancún. Sin embargo, la realidad mexicana devolvió una imagen distinta a la planeada. La Iglesia evitó el acto en la catedral, obligando a trasladarlo a un frontón de pelota vasca, y los aliados políticos locales guardaron una distancia prudencial. Por su parte, la presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó el ruido mediático para desviar la atención de sus propias crisis internas, centrando el debate en el pasado colonial en lugar de los problemas de seguridad actuales.
El entorno de Ayuso denunció un clima de hostilidad y boicot por parte del Gobierno mexicano, llegando a cancelar su participación final por supuestas amenazas. Marcial Pérez vincula este sentimiento de «peligro» con las vivencias de Valle-Inclán un siglo atrás, aunque con matices distintos. Mientras el escritor gallego encontró en la deformación de la realidad española el concepto del «esperpento», Ayuso parece reflejar una estética política más cercana al estilo estadounidense de Donald Trump.
El artículo destaca que la presidenta madrileña ha adoptado códigos propios del populismo anglosajón: una nostalgia imperial que funciona como su propio «Make España Great Again», la resurrección del fantasma del comunismo y un marcado rechazo a las políticas sociales y feministas. Al igual que los movimientos «neocon», esta corriente busca defender una visión de la historia sin matices, calificando la Conquista como una empresa meramente «civilizatoria» y obviando testimonios históricos de abusos.
En definitiva, el texto de Marcial Pérez retrata este viaje no como una misión diplomática exitosa, sino como un episodio donde la política española se miró en el espejo cóncavo de México, revelando las tensiones de una derecha que prefiere la contundencia de las afirmaciones sin complejos antes que la diplomacia tradicional europea.






