Édgar London • Espacio 4 • (780)
México es uno de los mayores consumidores de refrescos en el mundo y, en consecuencia, uno de los líderes en obesidad y diabetes. Édgar London expone el problema en “Espacio 4 (780)” y la estrategia federal para afrontarlo. «Un peso más por botella de 600 mililitros que millones de mexicanos compran a diario parece mínimo. Sin embargo, en esa diferencia se juega un objetivo ambicioso: disminuir el consumo de refrescos y obtener 41 mil millones de pesos adicionales para atender los estragos del azúcar en la dieta nacional. La medida, incluida en el Paquete Económico 2026, eleva el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) a bebidas azucaradas a poco más de tres pesos por litro. “¿Qué esperamos con esto? No incrementar el costo, sino reducir el consumo. Esperamos, y de acuerdo con las estimaciones económicas, que esto pueda impactar en una reducción de cerca del 7% en el consumo de refresco que nos ayude a mejorar la salud de los mexicanos», declaró el subsecretario de Integración y Desarrollo del Sector Salud, Eduardo Clark, durante la conferencia mañanera en Palacio Nacional del 11 de septiembre.
»El funcionario añade que, si bien la recaudación no es el objetivo central, se prevé un ingreso de 41 mil millones de pesos, recursos que se destinarán de manera íntegra a la salud. “No solo para prevenir enfermedades, sino también para ayudar a las personas que ya se agravaron derivado del consumo de refrescos”. El argumento no es nuevo. El IEPS a las bebidas azucaradas existe desde hace 11 años. En los dos primeros, cuando se fijó en un peso por litro, la medida redujo en casi un 10% el consumo de refrescos, de acuerdo con evidencia científica presentada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). Ahora, con el impuesto triplicado, el Gobierno federal confía en que el efecto sea más duradero.
»El consumo, sin embargo, sigue siendo alarmante. “Cada mexicano toma 166 litros de refresco cada año. Y cada refresco de 600 mililitros son 15 cucharadas de azúcar”, advierte Clark. El cálculo es brutal: cada persona en México ingiere anualmente el equivalente a 4 mil 150 cucharadas de azúcar solo en refrescos. Las cifras explican la urgencia. México ocupa los primeros lugares mundiales en obesidad y sobrepeso, tanto en adultos como en niños. El INSP ha documentado que los refrescos son la principal fuente de azúcar en la dieta nacional, responsables de, al menos, un 70% de la ingesta de azúcares añadidos.
»Los efectos resultan devastadores. Diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y falla renal crónica son algunas de las consecuencias más comunes. La Secretaría de Salud estima que cada año se gastan 180 mil millones de pesos en atender estos males. Solo en diálisis, una persona afectada cuesta 415 mil pesos al año, una cifra insostenible para el sistema. “Cada paciente tiene que conectarse tres horas, tres veces por semana, para seguir con vida. Es un drama humano y un costo económico desbordado”, subraya Clark.
»A esto se suma la obesidad infantil, una de las mayores preocupaciones en la agenda de salud pública. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022, casi el 38% de los niños entre 5 y 11 años presentan sobrepeso u obesidad. La comida chatarra y las bebidas azucaradas son responsables directos de esa estadística. La relación entre consumo y enfermedad no se limita a la obesidad. Como Clark recalca: “No solo causa obesidad, que parece ser la principal preocupación para muchas personas, también mutilan, enferman y matan”. La diabetes, en particular, se ha convertido en una de las principales causas de amputaciones en el país.
»En 2020, México adoptó medidas adicionales para frenar esta tendencia. El sistema de etiquetado frontal de advertencia, uno de los más estrictos del mundo, obliga a las empresas a señalar con claridad cuando un producto excede en azúcares, grasas o sodio. Y en paralelo, varios estados aprobaron leyes para prohibir la venta de comida chatarra en escuelas y colegios, reconociendo que los entornos escolares son cruciales para la formación de hábitos alimentarios. El actual incremento del IEPS se suma a ese marco regulatorio que busca, en palabras del secretario de Salud, David Kershenobich, “implementar estrategias de prevención, incluso a través de herramientas innovadoras como videojuegos educativos, que contribuyan a reducir tanto la violencia como los malos hábitos alimenticios”.






