En su columna, Pedro García Cuartango rinde homenaje a una de las historias más conmovedoras de solidaridad en la posguerra italiana: los llamados «trenes de la felicidad». Cuartango comienza citando una greguería de Ramón Gómez de la Serna para establecer que, si bien las vías del tren pueden parecer asociadas a la muerte, también son cauce de vida y esperanza.
El autor relata la devastación que asoló Italia en 1945, con ciudades destruidas, desempleo y una quiebra moral tras la caída del fascismo. En este desolador panorama, cerca de 70.000 niños italianos de las zonas más pobres y hambrientas del sur y centro fueron trasladados en tren a familias de acogida en el norte.
Esta iniciativa fue concebida por tres mujeres mentoras de distinta procedencia ideológica, pero unidas por la causa: Teresa Noce (miembro del Partido Comunista), Maria Malaguzzi (aristócrata) y Dina Ermini (feminista y militante comunista). Ellas lograron el apoyo de organizaciones como el Comité de Liberación Nacional, la Cruz Roja y el arzobispo de Milán, superando incluso los recelos iniciales del Vaticano por la entusiasta participación del líder comunista Palmiro Togliatti.
El primer tren partió de Milán en octubre de 1945 con destino a Reggio Emilia. Durante los siguientes años, decenas de trenes transportaron niños, quienes llegaban «sucios y llenos de piojos,» según el testimonio de Teresa Noce, pero fueron acogidos con gran grandeza de alma por miles de familias, muchas de ellas obreras y de escasos recursos.
Cuartango contrasta este uso de la vía férrea, que salvó vidas y devolvió la esperanza, con su oscuro papel en la deportación a los campos de exterminio. Para ilustrar la magnitud de esta ayuda, el columnista comparte el testimonio de Bianca D’Aniello, quien a sus diez años viajó desde Salerno sin haber visto un tren y fue acogida en Mestre. Bianca relató el dolor de las madres al separarse, pero también la esperanza de un futuro mejor, y el profundo vínculo que formó con su familia de acogida. El autor concluye que la historia de los ‘trenes de la felicidad’ es un poderoso recuerdo de la solidaridad popular que triunfó sobre la miseria.






