El sello «Hecho en México» posee un potencial estratégico no solo para impulsar el nacionalismo y el consumo local, sino para establecer un vínculo emocional de calidad y confianza con los consumidores, según afirma Grace Sandoval, CEO de Empoweringrace. Sin embargo, la especialista advierte que las empresas deben priorizar el storytelling para comunicar eficazmente el valor y la historia detrás de sus productos.
En un mercado global altamente competitivo, Sandoval subraya que contar la historia del producto transforma el sello en una prueba de confianza. Al comprar un artículo nacional, el consumidor no solo adquiere el objeto, sino que «está comprando la historia del artesano que lo está construyendo o de la empresa que lo está fabricando».
La especialista enfatiza que los productos con este sello son sinónimo de altos estándares de calidad y cumplimiento de criterios ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), lo que les permite competir a nivel mundial.
Sandoval explicó la importancia de impulsar un movimiento nacionalista que destaque la mano de obra mexicana, la creación de empleos y el impacto positivo en el crecimiento económico local. El consumo nacional crea un círculo virtuoso que fortalece el mercado interno, funcionando como contrapeso a la competencia de importaciones más económicas.
La tendencia hacia lo nacional es particularmente visible en las generaciones jóvenes, quienes muestran una clara preferencia por productos mexicanos con denominación de origen, como el tequila y el mezcal.
Para potenciar las ventas, se recomienda que las empresas comuniquen de forma clara el significado y propósito del sello, destacando que lo «hecho en México está bien hecho». La combinación de calidad e historia es una fórmula poderosa para aumentar las ventas de artículos nacionales, no solo por nacionalismo, sino por la capacidad de competir a nivel global.






