El presidente del PAN, Jorge Romero, anunció el pasado 18 de octubre el “relanzamiento” de su partido, una iniciativa que, según el análisis de Bernardo Barranco V., resulta ser más cosmética que estratégica. La movida incluyó el fin de la alianza con el PRI, un enfoque hacia la juventud, un logo modernizado y un lema que desató polémica por sus connotaciones asociadas a movimientos fascistas y de ultraderecha internacional. A pesar de los cambios superficiales, el autor critica la ausencia de una definición estratégica de fondo. Un partido que aspira a gobernar, sostiene Barranco, debe presentar un proyecto de país claro que aborde temas cruciales como el futuro de los programas sociales, la estrategia económica, la política internacional ante Estados Unidos y, fundamentalmente, cómo se enfrentará la inseguridad generada por el crimen organizado.
Esta falta de claridad estratégica se relaciona con el nicho político que el PAN busca ocupar. El partido se encuentra presionado desde la derecha, con figuras como Eduardo Verástegui acusándolo de traicionar sus principios originales y de ser una “derechita cobarde” que no ha sabido aprovechar el auge global del conservadurismo extremo. Barranco V. profundiza en que el giro del PAN, si es que se consolida, deberá ser inherentemente católico o no prosperará. El origen del PAN en 1939 está ligado a las directrices del catolicismo social de León XIII, un proyecto que buscaba construir una contrasociedad con principios eclesiásticos, tras el fracaso de la vía armada de la Guerra Cristera.
El autor advierte que el PAN deberá encarar el fundamentalismo católico que aún fluye en los “ríos subterráneos” del país, personificado por organizaciones como El Yunque, ProVida y el Frente Nacional por la Familia. Estos grupos, de herencia cristera y a menudo con poca vocación democrática, activan el pánico moral mediante proclamas contra la “ideología de género” y la “cultura de la muerte”, utilizando estrategias argumentativas que buscan confrontar las demandas de los movimientos feministas y LGBT+. Este posicionamiento ultraconservador, rentable a nivel internacional, es el espacio que la derecha mexicana inevitablemente ocupará.
Finalmente, el análisis de Barranco V. subraya la aguda crítica a la falta de probidad de la dirigencia del partido. El espectro de la corrupción persigue a figuras clave del PAN, incluyendo a su líder nacional, Jorge Romero, así como a Ricardo Anaya, Marko Cortés y otros. Esta profunda crisis de credibilidad de su clase dirigente contrasta dramáticamente con la figura de sus fundadores históricos, haciendo que el camino hacia el relanzamiento sea doblemente difícil para el partido.






