Según el editorial de EL PAÍS (23.07-2025), la violencia en México se ha complejizado por la profunda arraigo del crimen organizado y sus crecientes alianzas internacionales. Se ha confirmado que antiguos militares colombianos están colaborando con cárteles mexicanos, entrenando sicarios, fabricando explosivos y aumentando su poder de fuego, lo que genera un nuevo y preocupante escenario en la lucha contra el crimen organizado y exige una mayor cooperación internacional. Aunque la presencia de estos «mercenarios» colombianos se remonta a 15 años, una investigación de EL PAÍS revela que la tendencia se ha acelerado recientemente.
Estos soldados retirados de las fuerzas militares colombianas, algunos con experiencia en la guerra de Ucrania, son reclutados a través de redes sociales y WhatsApp, atraídos por ganancias que superan los 2,500 dólares mensuales, una cifra muy superior a sus pensiones militares de apenas 650 dólares. Esta situación es un síntoma de la grave crisis de seguridad en México y, al mismo tiempo, de la escasa voluntad de colaboración de las autoridades colombianas. Estos exmilitares se asientan principalmente en los estados de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Chihuahua, Durango y Sinaloa.
Se estima que actualmente hay entre 2,000 y 3,000 exmilitares colombianos reclutados en México, principalmente por grupos como La Familia Michoacana, Cárteles Unidos, Los Viagras, Santa Rosa, y sobre todo, por el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerada la organización criminal más sanguinaria y articulada de América Latina.
El editorial subraya que la lucha contra el crimen organizado es la prioridad del nuevo Gobierno de Claudia Sheinbaum y su secretario de Seguridad, Omar García Harfuch. No obstante, deberán lidiar con la fallida estrategia del sexenio anterior de Andrés Manuel López Obrador y con la aparente indiferencia del Ejecutivo colombiano. Con 80 asesinatos diarios registrados el año pasado, EL PAÍS concluye que las acciones actuales son insuficientes y que el combate al narcotráfico no solo es una responsabilidad mexicana, sino una prioridad regional que exige fortalecer la cooperación con Colombia.






