Firmar promesas ante notario público no fue más que un ardid político para captar votos, pues cualquier gobierno puede realizar obras ordinarias sin necesidad de tal protocolo. Nada nuevo bajo el sol. El Autobús de Transporte Rápido (BRT) —el Metrobús Laguna— es el vivo ejemplo de que no hay nada nuevo bajo el sol. De haberse cumplido el compromiso 116 que Enrique Peña Nieto firmó en campaña, de un total de 257, el sistema sumaría ya ocho años en servicio; hoy, en cambio, su infraestructura solo exhibe ruinas vandalizadas. Pese a que las administraciones de la 4T prometieron desterrar la impunidad, siguen sin investigar el rastro de los miles de millones de pesos para encausar a los responsables.
Planificado con una mezcla de recursos federales, estatales y créditos de desarrollo, el Metrobús representaba el proyecto más ambicioso de Peña Nieto en Coahuila; sin embargo, la Federación lo dio por concluido pese a que ni siquiera llegó a la mitad de su ejecución. Bajo esa misma narrativa de cumplimiento aparente, la memoria sexenal archivó como «hechos» las universidades politécnicas del estado, el puente vehicular del periférico Luis Echeverría, la rehabilitación del drenaje pluvial de Saltillo, así como el supuesto apoyo al Parque Industrial y al centro de negocios en Torreón. Pero el engaño radicaba en los detalles: no todas las obras entregadas estaban terminadas. El ejemplo más crudo fue el Centro Oncológico «Salvador Chavarría» en Saltillo, inaugurado con bombo y platillo por el gobernador Rubén Moreira al cierre de su mandato, cuando en realidad solo era un cascarón vacío, sin concluir ni equipar.
La construcción del denominado Sistema Metropolitano de Movilidad Metrobús, presupuestado en mil 500 millones de pesos para trasladar diariamente a 180 mil usuarios, empezó en noviembre de 2016 y desde entonces fue una comedia de errores. La demolición de la plaza y el monumento del Torreón, que colapsó al poco tiempo, causó indignación social. «Las autoridades están destruyendo los monumentos históricos sin consultar a los ciudadanos; no hay consenso», acusó el historiador Carlos Castañón Cuadros (Milenio Laguna, 03.06.17).
Un grupo de manifestantes clausuró simbólicamente la plaza para impedir su destrucción, pero fueron ignorados. Castañón reprobó el doble discurso de las autoridades: «En pleno siglo XXI, en donde los Gobiernos nos piden sociedades participativas bajo entornos de transparencia, y que la ciudadanía sea consultada, a nadie en Torreón se le consultó sobre la destrucción de la Plaza
Cívica, ni tampoco la destrucción del Torreón de 1974». El esfuerzo resultó inútil: la soberbia se impuso.
En la parte de Durango, el metrobús ni siquiera empezó. En una de sus primeras giras por Gómez Palacio, el presidente Andrés Manuel López Obrador fue recibido con pancartas en contra de la obra. Entonces improvisó una consulta a mano alzada: «¿Quieren que se construya el metrobús, sí o no?». Frente al «no» rotundo, AMLO informó que los 450 millones de pesos presupuestados se invertirían para abastecer de agua a la ciudad y en un hospital. El proyecto nació viciado y luego se politizó.
«El metrobús desde hace mucho tiempo había fracasado en la zona metropolitana, porque a pesar de que en Torreón se abra al público en los tres primeros meses de 2020, en Gómez Palacio y Lerdo no hay infraestructura», declaró Raúl Martínez, secretario general del Sindicato de Rutas Urbanas CTM (Noticias de El Sol de La Laguna, 18.06.19). Incluso el entonces gobernador de Durango, José Rosas Aispuro, llegó a sugerir que el presidente Peña Nieto había suspendido el proyecto previamente.






