La política en Coahuila siempre ha tenido sus «pequeños reinos», pero ninguno tan rentable como el que ha construido Lenin Pérez Rivera en el norte. Con la mira puesta en la elección que definirá la LXIV Legislatura, el líder de la Unidad Democrática de Coahuila (UDC) ha vuelto a desplegar su mayor talento: el oportunismo profesional. Su llegada a la coalición oficialista no es un acto de convicción, sino una transacción de alta gama.
El Camaleón de la Chamarra de Lujo
Lenin es un equilibrista ideológico. Ha transitado por el PAN, ha coqueteado con la izquierda de Morena, se ha puesto el chaleco del PVEM y hoy se sienta a la mesa del PRI. Es el líder que porta con la misma soltura una retórica de «guerrillero social» y una chamarra de lujo. Para él, las siglas son solo vehículos; lo que importa es el destino: la nómina y el control de la frontera.
Su valor para el tricolor es puramente geográfico. Sumar a la UDC es asegurar el fortín de Acuña y sus alrededores, una zona que el PRI no podría garantizar por sí solo. Sin embargo, este «granito naranja» en el arroz conlleva un riesgo de intoxicación: la «naranjaización» de la base priista y la cesión de espacios a un partido regional que solo responde a los intereses de su caudillo.
La UDC como «Fiel de la Balanza»
El verdadero peligro no es la lealtad de Lenin —que siempre ha sido hacia sí mismo— sino el escenario legislativo que se avecina. Si Morena logra capitalizar el voto en los distritos urbanos y la oposición crece, la UDC podría convertirse en el árbitro del Congreso.
La Jugosa Recompensa: Lenin sabe que si sus diputados son el único freno para evitar un Congreso paritario o una legislatura hostil al Ejecutivo, el precio de su «apoyo» subirá como la espuma.
La Paradoja del Némesis: Resulta irónico que el PRI haya tenido que abrirle la puerta a quien históricamente fue su enemigo más encarnizado en el norte. No cargan con un PAN debilitado y sin militancia; cargan con un socio que sabe cobrar cada voto en la tribuna.
La presencia de Lenin Pérez en esta coalición es un recordatorio de que en Coahuila la supervivencia política a veces exige pactar con el «oportunismo» vestido de aliado. Si la moneda cae del lado de la fragmentación, conviene que el público de la grada general se acostumbre a ver más seguido a este líder fronterizo. En la próxima legislatura, el sabor del éxito del PRI dependerá, en gran medida, de qué tanto esté dispuesto a pagar el estado por la voluntad de su nuevo y más pragmático socio.






