Alfonso Cepeda Salas, líder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y senador por Morena, es el primer destapado viable para la gubernatura. Medio siglo atrás, otro profesor, Óscar Flores Tapia (OFT), saltó del Senado a la sede del poder ejecutivo bajo las siglas del PRI. Fallecido en 1998, OFT fue velado en el Palacio Rosa y su cuerpo depositado en la Rotonda de los Coahuilenses Distinguidos por disposiciones del gobernador Rogelio Montemayor, en reconocimiento a su trayectoria y por la obra realizada durante el sexenio 1975-1981, en particular en Saltillo. Humberto Moreira, también docente, es su antítesis. La amistad de OFT con el presidente Luis Echeverría le abrió las puertas del poder. Entre Cepeda y la presidenta Claudia Sheinbaum existe, al parecer, afinidad.
Luis Hernández Navarro, coordinador de la Sección de Opinión de La Jornada, resume la historia de Cepeda en 12 palabras: «Pasó de ser un modesto profesor de banquillo a un acaudalado senador». El periodista narra el tránsito de Cepeda por la Secretaría de Trabajo y Conflictos del Nivel Superior en la Sección 38 de Coahuila; su pleito con Carlos Moreira, y su ascenso a la secretaría general del SNTE, en sustitución de Juan Díaz de la Torre, cuya cabeza pidió la excacique Elba Esther Gordillo. Refiere, asimismo, notas periodísticas según las cuales el jefe del magisterio forma parte «una trama mafiosa en que una red de empresas encabezadas por el hijo del líder hace negocios subrogando servicios médicos multimillonarios en Coahuila y Nuevo León».
Entre las firmas «integradas a la familia Cepeda», Hernández cita las siguientes: «Alheira Medicina Avanzada; Alheria Servicios Hospitalarios; Alheria Servicios Operativos; Sistema Operativo Hospitalario; Médica Integralis; Cevisa Integral y Albora Grupos Empresarial de Capital Humano». El periodista utiliza el apodo de Cepeda, el Gato, y los presenta «como un pequeño rey venido a menos. Un charro sindical de la peor tradición de Jesús Robles Martínez, Carlos Jongitud Barrios y Elba Esther Gordillo» («Alfonso Cepeda y el fin de un imperio prestado», (La Jornada, 06.05.25).
Ayer ejército del PRI, el SNTE lo es hoy de Morena. Con casi 1.7 millones de afiliados es la asociación más grande de América Latina y una de las mayores a escala mundial. De los 10 millones de electores con los cuales Morena pretende engrosar sus filas, Cepeda ha ofrecido inscribir a cinco millones. El poder económico y político del SNTE lo convierten en un aliado estratégico, pero también en un compañero de viaje peligroso. Cepeda refrendó el apoyo
del gremio a la presidenta Sheinbaum en la celebración del Día del Maestro. La alianza «con el Estado mexicano se basa en el reconocimiento a la docencia como eje del desarrollo nacional», dijo. Los docentes recibieron un aumento salarial del 9%, retroactivo al 1 de enero, y un 1% adicional a partir de septiembre.
Metido de lleno en la carrera por la gubernatura, Cepeda afronta ya los embates de tirios y troyanos por los múltiples intereses en juego. Tener acceso a Palacio Nacional le brinda ventajas sobre los demás aspirantes, de Morena y de otros partidos, pero todavía es temprano para repicar las campanas. El senador empieza a hacer movimientos en el estado. Atrae a liderazgos, cuadros y exmilitantes del PRI con presencia territorial y experiencia electoral. Es la primera vez que la oposición toma la iniciativa. El PRI debe responder para que Morena no lo adelante ni le reste votos.






