Análisis sobre la inviabilidad del régimen cubano y su potencial transición
La columna de Ramón González Férriz disecciona la fragilidad actual del sistema político cubano, argumentando que, a diferencia de crisis anteriores, el escenario de 2026 presenta una «tormenta perfecta» que podría significar el fin definitivo del castrismo. El autor fundamenta su tesis en el colapso de los pilares externos que sostuvieron la isla durante décadas, principalmente el suministro energético. La interrupción total del petróleo venezolano, bajo la tutela de Donald Trump en Caracas, y el cese de envíos desde México debido a amenazas arancelarias de Estados Unidos, han dejado a Cuba con reservas para apenas quince días. Esta asfixia energética elimina también la capacidad de la isla para obtener divisas mediante la reventa de crudo, una de sus escasas fuentes de ingresos tras el declive del 70% en el turismo y la peor zafra azucarera en un siglo.
El texto subraya la inoperancia de los aliados históricos frente a la determinación de la administración estadounidense. Según Férriz, ni Rusia ni China muestran voluntad o capacidad para intervenir en una isla sin relevancia geopolítica crítica ante la presión de Washington. En este contexto, la figura de Marco Rubio como secretario de Estado resulta determinante, pues su agenda ideológica busca erradicar los regímenes de izquierda radical en el continente. El autor sugiere que el modelo de transición aplicado recientemente en Venezuela —sustituir al liderazgo por figuras del régimen más aperturistas y tutelar la economía— es la hoja de ruta que la Casa Blanca pretende replicar en La Habana para forzar una apertura tras décadas de inmovilismo dogmático.
González Férriz también destaca el agotamiento del discurso revolucionario. La narrativa de la resistencia frente al «Imperio» carece de sustento en una sociedad golpeada por apagones habituales, racionamiento extremo y una emigración que ha desplazado al 20% de la población en el último lustro. Aunque el autor reconoce la disciplina del funcionariado cubano como un factor de resistencia, concluye que el aislamiento económico es hoy absoluto. La combinación de una economía quebrada, la ausencia de subsidios externos y el interés personal de Trump por abrir la isla a la inversión inmobiliaria y turística, configuran un momento inédito. Para el columnista, aunque el escepticismo es natural tras tantos anuncios fallidos de caída, los factores actuales indican que el fin de este sistema político es, finalmente, una posibilidad real.






