Adam Grant, psicólogo organizacional de la Escuela Wharton, analiza en este texto la paradójica atracción que la sociedad siente hacia los líderes narcisistas, especialmente en contextos de crisis. A pesar de que la evidencia científica sugiere que el narcisismo correlaciona con un peor desempeño en el liderazgo, la inestabilidad social, económica y política actual actúa como un caldo de cultivo para figuras que proyectan un dominio físico y una confianza desmedida. Según Grant, la incertidumbre colectiva genera una ansiedad que los ciudadanos intentan mitigar apoyándose en individuos que prometen restaurar el orden mediante el carisma y el autoritarismo.
El autor sostiene que los narcisistas no son difíciles de detectar; su comportamiento incluye la búsqueda constante de atención, el victimismo cuando no reciben privilegios y la priorización del ego sobre la misión institucional. Grant ilustra los riesgos de esta personalidad citando casos históricos como los de los presidentes Lyndon Johnson, Richard Nixon y Andrew Jackson, cuyos legados se vieron empañados por la arrogancia y decisiones desastrosas. En el ámbito empresarial y deportivo, el patrón se repite: los líderes narcisistas suelen tomar riesgos excesivos, ignoran las críticas y se atribuyen méritos ajenos, lo que frena el crecimiento de sus equipos.
Un dato relevante aportado por la investigación es que los narcisistas atraen con mayor fuerza a personas con baja autoestima, quienes ven en ellos una fuente de seguridad externa. Grant propone alternativas para romper este ciclo, sugiriendo que se promuevan líderes que equilibren confianza con humildad. Entre sus propuestas destaca el fomento de liderazgos femeninos, dado que las mujeres tienden a mostrar menores niveles de narcisismo y una mayor capacidad de gestión empática, y la valoración de líderes provenientes de entornos humildes, quienes suelen ser más eficaces al ser menos propensos al sentimiento de privilegio.
Finalmente, el autor concluye que la mejor defensa contra la llegada de narcisistas al poder es abordar las causas raíz de la inseguridad ciudadana. Al garantizar estabilidad económica y seguridad laboral, los votantes tienden a alejarse de candidatos temerarios. Para Grant, la verdadera fortaleza del liderazgo no reside en negar las debilidades, como hace el narcisista, sino en admitirlas y aprender de ellas para fortalecer a la colectividad.






