“De hecho, había personas en el Departamento de Estado que creían que Castro era un simple nacionalista y querían buenas relaciones con el nuevo gobierno”, Michael Bustamante, de la Universidad de Miami en EE.UU.
A comienzos de los 60, dos eventos fracturaron el vínculo.
Primero, una reforma agraria lanzada por Castro que proponía nacionalizar parte de las tierras controladas por EE.UU.
Bustamante aclara que todavía no se trataba de una idea comunista porque no pretendía expropiarlo todo. “Era más bien una visión de capitalismo reformado”, describe.
Pero las alarmas estadounidenses se empezaron a prender poco después, con la visita del diplomático soviético Anastas Mikoyan a Cuba para firmar acuerdos con el gobierno.

El mayor rival geopolítico y económico de EE.UU., la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS), ganaba terreno en su patio trasero.
Uno de los acuerdos entre La Habana y Moscú fue intercambiar azúcar cubano por crudo ruso.
¿El problema? Varias refinerías en Cuba eran estadounidenses.
“Cuando EE.UU. ordenó a sus compañías negarse a procesar el petróleo ruso, el gobierno cubano intervino las refinerías y las nacionalizó”, dice Bustamante.
Washington respondió recortando la cuota de azúcar que Cuba tenía garantizada en el mercado norteamericano y Moscú reaccionó convirtiéndose en el principal comprador de azúcar cubano.
Esto provocó la primera fase del embargo económico estadounidense, a lo que La Habana contestó con la nacionalización total de industrias y negocios norteamericanos.
Para enero de 1961, la ruptura de relaciones se consumó y Castro inició el giro socialista de su revolución.
Los años más tensos
Los meses siguientes fueron de máxima tensión.
En abril de 1961, unos 1.500 combatientes, en su mayoría cubanos exiliados opositores de Castro, arribaron a Cuba con apoyo de la CIA en aviones y buques para derrocar a Castro.
Fue la llamada invasión de Bahía de Cochinos, aplastada por las fuerzas cubanas en tres días en el sur del país tras el retiro del apoyo aéreo a última hora por parte del presidente estadounidense John F. Kennedy.

El fracaso fortaleció a Castro, quien agudizó su propuesta socialista.
Esto, según la Oficina del Historiador del Departamento de Estado estadounidense, hizo que Kennedy reevaluara su política hacia Cuba.
Desde Washington se implementó un nuevo programa encubierto llamado Operación Mangosta para conseguir lo que la invasión de Bahía de Cochinos no logró.
La misión incluyó operaciones políticas, psicológicas, militares, de sabotaje e inteligencia, así como intentos de asesinatos contra líderes políticos clave, incluido Castro.
“La Operación Mangosta pretendía originar una situación insurreccional en Cuba que pusiese al país al borde del desastre, pero se hizo claro que las posibilidades de que un movimiento interno hiciese colapsar la revolución eran prácticamente nulas”, le explica a BBC Mundo Oscar Zanetti, investigador de la Academia de la Historia de Cuba.
“Por lo que en marzo de 1962 se impuso la opción de una intervención directa de EE.UU. con el uso de todos los medios militares necesarios”, añade Zanetti.
La pequeña Cuba necesitó defenderse y la URSS, entonces bajo liderazgo de Nikita Jrushchov, estaba dispuesta a apoyar.






