En su artículo titulado «El Mundial, cortina de humo», la autora Lucía Melgar presenta una crítica severa al uso de los grandes eventos deportivos como herramientas de distracción política en México. Según Melgar, la próxima Copa del Mundo no es solo una celebración atlética, sino una estrategia del gobierno para desviar la atención de problemas graves como la corrupción, la complicidad de funcionarios con el crimen organizado y el descuido de la educación pública. La autora sostiene que el presupuesto y la energía del Estado se están volcando hacia el fútbol, mientras se minimizan crisis humanitarias urgentes, como la de las personas desaparecidas.
Esta desconexión entre las prioridades oficiales y la realidad social se hizo evidente durante la XIV Marcha de la Dignidad Nacional el pasado 10 de mayo. En el Ángel de la Independencia, familias de todo el país reclamaron a la presidenta Claudia Sheinbaum su indiferencia ante las más de 133,000 personas desaparecidas en México. Melgar relata cómo las madres buscadoras utilizaron metáforas futboleras para exigir «juego limpio», denunciando que mientras se destinan recursos públicos al Mundial, se intenta «borrar» la magnitud de la tragedia y se niegan fondos para la identificación de restos humanos en fosas y campos de exterminio.
El texto describe el peligro extremo que enfrentan quienes buscan a sus seres queridos. Melgar cita casos de negligencia en fiscalías, como en Guerrero, y la violencia directa contra las buscadoras, ejemplificada en el asesinato de Patricia Acosta y su hija Katia Jáuregui en Salamanca. Para la autora, estos no son hechos aislados, sino crímenes de Estado que demuestran que la violencia contra mujeres y niñas sigue activa pese al discurso oficial. Además, recuerda que la responsabilidad estatal por la impunidad en feminicidios ha sido señalada incluso por organismos internacionales como la CIDH.
Finalmente, Lucía Melgar resalta el contraste entre la disposición de la presidencia para reunirse con figuras del entretenimiento y su negativa a recibir a las familias de las víctimas. El artículo menciona situaciones críticas en lugares como Sinaloa y Teuchitlán, donde el reclutamiento forzado y el desplazamiento han generado crisis humanitarias que el gobierno prefiere ignorar en favor del «patrioterismo» deportivo. La autora concluye cuestionando la calidad de la democracia mexicana ante tal nivel de barbarie y hace un llamado a la sociedad para abandonar la apatía frente al dolor ajeno.






