La columna de Eva Vázquez y Marta Fraile aborda la persistencia de la violencia de género, a pesar de los avances significativos en la convergencia de roles entre hombres y mujeres en la sociedad. Las autoras recuerdan un pasado en España marcado por el silencio, donde la violencia intrafamiliar era tolerada como una forma de resolver conflictos y reafirmar el poder masculino. Aunque el contexto social ha cambiado, la violencia de género sigue siendo una amenaza universal con consecuencias devastadoras para las víctimas y para el desarrollo social en su conjunto.
Vázquez y Fraile destacan la gravedad del problema a escala mundial. Citando el libro Worse Than War: The Global Costs of Violence, señalan que las agresiones de parejas íntimas son más frecuentes que los homicidios, las muertes por guerras y los atentados terroristas. A pesar de esta magnitud, las autoras lamentan que la preocupación pública en el barómetro de muchos países sea mínima, con menos del 8% de los encuestados señalando la violencia de género como uno de los principales problemas del país en la última década.
La columna examina la complejidad de medir y combatir la violencia de género. La investigación ha identificado factores de riesgo asociados a los perpetradores, como la exposición a la violencia en la infancia, la pobreza o el consumo de sustancias. Sin embargo, se ha prestado menos atención a la interacción entre leyes, normas y cultura. Las autoras resaltan hallazgos positivos en este ámbito, indicando que la legislación con sanciones penales contribuye a transformar las normas sociales y fomenta actitudes críticas. Programas de sensibilización globalmente adaptados, como el programa SASA! iniciado en Uganda, han demostrado su eficacia para cambiar comportamientos.
Un elemento crucial para el cambio es el movimiento feminista, al cual la investigación atribuye un papel decisivo en impulsar reformas legales, difundir nuevas normas de trato y favorecer el aumento en las tasas de denuncia. Las autoras citan la conmovedora novela autobiográfica El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza, cuya fuerza para escribir sobre el feminicidio de su hermana proviene de la inspiración de las movilizaciones feministas en Argentina, España y México.
Finalmente, Vázquez y Fraile hacen hincapié en el camino que aún queda por recorrer. Es fundamental comprender las dificultades que enfrentan las víctimas al interactuar con el sistema de justicia penal. Denunciar exige una inmensa valentía y recursos para enfrentar el laberinto y las rigideces burocráticas. El temor a la precariedad económica y la incertidumbre institucional son barreras que disuaden a las mujeres. Las autoras concluyen que combatir la violencia de género es un imperativo moral y que, a pesar del progreso, se requiere mucha más investigación e inversión para alcanzar una igualdad donde la serenidad pueda habitar en la intimidad de todos los hogares.






