La industria automotriz ha desarrollado tecnologías para estacionar sin ayuda, reconocer señales de tránsito y prevenir accidentes, pero todavía tiene pendiente resolver un problema cotidiano: el copiloto que, desde el asiento del acompañante, pretende controlar cada movimiento de quien conduce. Rubén Amón aborda este personaje en su columna Territorio Amón, donde cuestiona a quienes se atribuyen el derecho de manejar sin tocar el volante y convierten cada trayecto en una demostración de autoridad.
El autor plantea que los automóviles deberían incorporar un asiento eyectable para expulsar a estos acompañantes, incluso con un botón de activación discreto, cinturón de seguridad y paracaídas. La propuesta responde al comportamiento de quienes dirigen desde la irresponsabilidad, pues el conductor asume las consecuencias de sus decisiones mientras el copiloto se reserva el derecho de cuestionarlas.
Entre sus conductas más representativas está indicar una ruta cuando ya se ha pasado la salida, pronunciar el inevitable «yo habría ido por otro sitio» o gritar «¡cuidado!» durante una maniobra normal, provocando sobresaltos que pueden aumentar el riesgo de un accidente. También menciona a quienes frenan con un pedal imaginario, se aferran al asidero de la puerta o manifiestan temor incluso cuando el vehículo circula a baja velocidad.
La convivencia matrimonial tampoco escapa a sus observaciones. Los estacionamientos subterráneos son uno de los escenarios donde el copiloto encuentra oportunidad para cuestionar la habilidad del conductor. Si ocurre un golpe contra una columna, la respuesta suele ser que ya había advertido del peligro.
Amón también señala a quienes interrumpen con conversaciones durante maniobras complicadas, descalifican las indicaciones del navegador porque conocen rutas supuestamente mejores o vigilan el velocímetro para expresar su desaprobación.
Su propuesta es limitar las intervenciones del acompañante a situaciones de peligro inminente y considerar sancionables los comentarios posteriores, especialmente el recurrente «te lo dije».
Como alternativa al asiento eyectable, concluye recomendando entregar las llaves al copiloto en la próxima gasolinera. Su negativa a conducir confirmaría que su verdadera vocación no es manejar, sino dirigir el tráfico desde la oposición.






