A medida que crece la demanda de tecnología de inteligencia artificial, la construcción de centros de datos se acelera en todo el mundo. Estas instalaciones tienen una gran demanda de agua, tanto de forma directa (para la refrigeración de los equipos) como indirecta (para la producción de la energía que consumen). El texto destaca que el consumo de agua directo e indirecto de los centros de datos en Estados Unidos en 2023 fue de 64.000 millones de litros y 800.000 millones de litros, respectivamente. Se prevé que el consumo de agua para refrigeración pueda duplicarse o incluso cuadriplicarse para 2028.
El artículo, escrito por investigadores de derecho y políticas hídricas, señala que las empresas tecnológicas no son consistentemente transparentes respecto a la cantidad de agua que consumen sus centros. Aunque los informes de sostenibilidad corporativa son una fuente de datos valiosa, su carácter voluntario y la falta de un formato estándar dificultan la comparación. Por ejemplo, mientras que Meta y Google proporcionan datos agregados y por centro de datos, respectivamente, otras empresas como Amazon y Microsoft no desglosan esta información. El texto concluye que, sin una divulgación consistente y transparente, será difícil tomar decisiones informadas sobre la ubicación, regulación y sostenibilidad de estas instalaciones.
Conclusión
La expansión de los centros de datos, impulsada por la IA, presenta un desafío significativo para la gestión del agua a nivel mundial. La gran demanda de agua, tanto para la refrigeración como para la producción de energía, de estas instalaciones podría agotar los recursos hídricos locales y competir con otros usos, como el agua potable y la economía regional.
Para gestionar este desafío de manera sostenible, es crucial que las empresas tecnológicas adopten una mayor transparencia en sus prácticas de divulgación. Los gobiernos y las comunidades deben tener acceso a datos precisos y estandarizados sobre el consumo de agua para poder evaluar adecuadamente el impacto de estos centros y tomar decisiones informadas sobre su regulación y ubicación. La falta de transparencia actual deja a las comunidades con información incompleta, lo que podría conducir a consecuencias negativas a largo plazo para sus recursos hídricos y medio ambiente.






