Amanece en Saltillo con esa luz que no engaña a los madrugadores, y en la colonia Cruz del Aire el personal municipal se pasa la bola con una agilidad de tahúr en lugares de mala muerte.
El Ayuntamiento, esa hidra de mil despachos y ninguna respuesta, ha convertido el arte de eludir y burlar en su asignatura estrella.
De Ecología a Servicios Primarios, de ahí a Medio Ambiente, luego a Obras Públicas y vuelta a empezar, como en un baile de las sillas donde el ciudadano siempre es el que paga la orquesta y se queda sin pareja.
Llevan los vecinos un lustro —que se dice pronto, cinco años de paciencia benedictina— señalando un muladar que la ley, esa señora tan mentada y tan poco visitada, dice que debería ser banqueta.
Pero allí, donde el asfalto se rinde, lo que florece es la mugre, la maleza brava y una fauna de animales rastreros que ya quisieran para sí los bajos fondos.
El dueño del predio, un invisible con ínfulas de valladar, pensó que poniendo cerca al abandono se terminaba el tema en cuestión. Craso error. El cerco no es frontera, es nido; un foco de infección donde los roedores anidan con la impunidad de un funcionario en excedencia.
Lo de la propiedad privada es el estribillo de los burócratas cuando no quieren mancharse la suela.
Pero, ¡ay, la memoria del cronista!, que uno ha visto a las cuadrillas municipales limpiar callejones privados con una sonrisa de anuncio y el cepillo en ristre ahora que el calendario huele a urna y a papeleta.
En la temporada de caza del voto, el presupuesto se vuelve elástico y la escoba, democrática.
«Ahí no hay voto», le soltó un supervisor a este escribidor con la desvergüenza del que se sabe impune. La sentencia es de una lucidez siniestra: si la basura no vota, que se la coman los vecinos.
Mientras los funcionarios se lavan las manos con el agua que le falta al barrio, los colonos ya sacan la cartera para pagar de su bolsillo la higiene que el municipio les niega.
La política, esa alta alcurnia de la gestión, ha terminado aquí convertida en un mercadeo de favores donde la salud pública cotiza a la baja si no hay un mitin de por medio.
Al final, entre ratas y desdenes, lo único que queda limpio en la Cruz del Aire es la cara dura de quienes confunden el servicio público con el beneficio electoral.






