El Comité Editorial de The New York Times presenta una postura de profunda preocupación frente a la captura de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Donald Trump, calificando la acción como «ilegal e imprudente». Aunque el texto no muestra simpatía por el régimen de Maduro, al que describe como antidemocrático y represivo, advierte que la historia demuestra que el derrocamiento forzado de gobiernos deplorables suele derivar en consecuencias trágicas y estados fracturados, citando los ejemplos de Afganistán, Libia e Irak.
El análisis subraya que el presidente Trump está ignorando los límites constitucionales al no solicitar la aprobación del Congreso para este acto de guerra. Según el Comité, el pretexto de combatir el «narcoterrorismo» carece de coherencia, especialmente porque Venezuela no es un productor significativo de las drogas que dominan la crisis de sobredosis en Estados Unidos. En su lugar, el editorial sugiere que la verdadera motivación es la implementación del «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe, un intento de restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio mediante el imperialismo y el uso de la fuerza letal.
Desde una perspectiva jurídica y ética, se denuncian posibles ejecuciones extrajudiciales cometidas durante los ataques a embarcaciones venezolanas, actos que violarían los Convenios de Ginebra. El editorial enfatiza que «lo que separa la guerra del asesinato es la ley».
Finalmente, el Comité alerta sobre el potencial de caos en la región. La ausencia de Maduro no garantiza una transición pacífica hacia la democracia liderada por figuras de la oposición como María Corina Machado. Por el contrario, la permanencia de generales leales al chavismo, la presencia de grupos guerrilleros como el ELN y la actividad de los «colectivos» podrían desatar una espiral de violencia, inestabilidad en los mercados de energía y un aumento en el éxodo migratorio, perjudicando los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos a largo plazo.






