Tras el reciente despliegue militar en Venezuela, la administración de Donald Trump ha colocado a Groenlandia como una prioridad estratégica de «seguridad nacional». La Casa Blanca, a través de su portavoz Karoline Leavitt, ha confirmado que el Gabinete estudia diversas opciones para obtener el control de la isla danesa, subrayando que el uso de las Fuerzas Armadas estadounidenses «siempre es una opción» para disuadir la influencia de Rusia y China en la región ártica.
El secretario de Estado, Marco Rubio, informó a un grupo de legisladores que el presidente está dispuesto a formalizar la compra de la región. Aunque no se han detallado los mecanismos financieros o legales, Rubio aseguró que los asesores presidenciales preparan un plan actualizado para concretar la adquisición. Como alternativa a la compra directa, fuentes de la administración sugieren la posibilidad de proponer a Dinamarca un Pacto de Libre Asociación.
Reacciones internacionales y tensión en la OTAN
La retórica imperialista de Washington ha provocado una respuesta contundente por parte de las autoridades implicadas:
- Groenlandia: El primer ministro Jens Frederik Nielsen calificó las intenciones de Trump como una «fantasía de anexión» y exigió respeto al derecho internacional, aunque se mostró abierto al diálogo bajo los cauces adecuados.
- Dinamarca: La primera ministra Mette Frederiksen advirtió sobre la gravedad de las amenazas. Señaló que un ataque de un miembro de la OTAN contra otro país de la misma alianza significaría el fin de la organización y de la seguridad global establecida desde la posguerra.
- Casa Blanca: Mientras que Stephen Miller afirmó que nadie se atreverá a enfrentar militarmente a Estados Unidos por el futuro de la isla, el enviado especial Jeff Landry intentó matizar la postura, defendiendo una independencia económica vinculada a Washington en lugar de una toma por la fuerza.
Intereses estratégicos y recursos naturales
El interés de Trump por este enclave europeo no es solo geopolítico, sino económico. Groenlandia es sumamente rica en tierras raras, minerales críticos para la fabricación de vehículos eléctricos, dispositivos móviles y tecnología militar de alta gama. Además, su posición geográfica es vital para el control de las rutas comerciales del Ártico.
A pesar de que Estados Unidos ya posee una base militar en el territorio, el magnate busca la soberanía total, presentándose como un «salvador» frente a la supuesta presencia masiva de embarcaciones chinas y rusas en la zona. Esta nueva crisis diplomática pone en alerta a la Unión Europea, que observa con pánico cómo el éxito de la intervención relámpago en Venezuela ha envalentonado las ambiciones territoriales de la Casa Blanca hacia el flanco norte de la OTAN.






