El calendario electoral en Coahuila tiene sus propios ritos y, hasta hace unos días, parecía que la política local no podía respirar sin ellas. Sin embargo, este domingo 8 de marzo reveló una amnesia colectiva fascinante: las lideresas de colonia, esas figuras de acero que operan desde los años 70, desaparecieron del encuadre digital.
Durante décadas, estas mujeres han sido el motor de la movilización. Son quienes garantizan que una inauguración de bacheo parezca un evento de masas o que la apertura de un Oxxo cuente con quórum de estadio. Los políticos, en un despliegue de «buena onda», desayunan en sus cocinas, cargan a sus nietos y se mimetizan con el barrio para demostrar que son uno más de la familia. A cambio, ellas administran la voluntad de los vecinos, reparten o retiran apoyos con el rigor de un cacicazgo local y se convierten en el «mal necesario» de cualquier estructura partidista.
Pero el 8M impuso una estética distinta. En las redes sociales de candidatos y funcionarios, el protagonismo fue para la «chica guapa», la activista de discurso pulcro o la imagen de stock que encaja en el canon de la efeméride. Hubo un paréntesis en las precampañas; un silencio selectivo donde las señoras de calzado cómodo y lista en mano no tuvieron espacio.
Resulta irónico que las mujeres que realmente sostienen la estructura territorial, las que acarrean simpatizantes bajo el sol y garantizan el «lleno total» en cada informe de gobierno, hayan sido invisibilizadas en el día que, teóricamente, celebra la lucha y el papel de la mujer en la sociedad.
Este 8M no hubo fotos desayunando en la colonia popular, el empoderamiento se reservó para quienes no tienen las manos marcadas por la gestión de despensas o la logística del acarreo. Es curioso cómo la política de Coahuila puede ser tan dependiente de su voluntad un día, y tan esteta al día siguiente. Las lideresas seguirán ahí, siendo las dueñas de la calle, esperando a que el calendario pase el 8 de marzo para que los políticos vuelvan a recordar que, sin ellas, sus eventos volverían a ser lo que realmente son: actos huecos.






