La maquinaria del PRI en Coahuila es imbatible en elecciones legislativas —lleva tres carros completos al hilo— y casi siempre arrolla en las de gobernador y alcaldes, pero en los comicios generales de cada seis años se atasca. Así ocurre desde antes que Morena conquistara el poder. El PRI no gana las senadurías ni el grueso de las diputaciones de mayoría relativa desde hace más de un cuarto de siglo. En 2000, la fórmula de Jorge Zermeño Infante y Luis Rico Samaniego (PAN) derrotó al tándem priista de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez y Raúl Villarreal González.
Acción Nacional mantuvo su predominio hasta 2012, cuando Luis Fernando Salazar Fernández y Silvia Garza Galván vencieron a Braulio Manuel Fernández Aguirre y a Hilda Flores Escalera. Las tornas se volvieron en 2018 con el triunfo de Armando Guadiana Tijerina y Lourdes Galaz Caletti (Morena) sobre la dupla formada por Verónica Martínez y Jericó Abramo Masso. Morena venció nuevamente al PRI en 2024, esta vez con Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana Mandujano, quienes se impusieron sobre el exgobernador Miguel Riquelme y Bárbara Cepeda Boheringer. El escaño de primera minoría correspondió al PRI en todos los casos.
Las derrotas priistas en Coahuila en elecciones para presidente, senadores y diputados —e incluso en las intermedias, cuando solo se renueva el Congreso federal— obedecen a varias causas. La primera es la decadencia del PRI como hegemonía, y la debilidad de sus candidatos presidenciales: de Francisco Labastida a José Meade y Xóchitl Gálvez, surgida de su alianza con el PAN. La segunda responde al hartazgo ciudadano, cuyo voto favoreció a Vicente Fox y a Felipe Calderón, y luego a Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. Y la tercera, a la nominación de figuras sin peso político ni presencia en el estado en el primero o segundo lugar de las fórmulas.
En 2018, Armando Guadiana venció sin dificultad a Verónica Martínez, abanderada por el PRI, el Partido Verde y Nueva Alianza. De haber encabezado el tándem, Jericó Abramo —exitoso alcalde de Saltillo y quizá el diputado federal por Coahuila más activo en el Congreso— el resultado podría haber sido distinto. En 2024, el exgobernador Miguel Riquelme —postulado también por el PAN y el PRD— tomó el riesgo de presentarse a las urnas, aunque tenía garantizado el asiento de primera minoría como líder de la fórmula. La elección resultó apretada, pero se decidió por Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana. El PAN local, por primera vez en su historia, no presentó candidatos al Senado de la república.
En 2018 y 2024 los factores que inclinaron la balanza por los candidatos de Morena-PT-PVEM a las Cámaras Alta y Baja fueron Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, cuya fuerza impulsó las votaciones por las fórmulas que Armando Guadiana y Luis Fernando Salazar lideraron. La maquinaria del PRI quedó desplazada al segundo lugar, puesto que antes ocupaba el PAN.
El PRI domina las elecciones estatales debido al control que el gobernador de turno ejerce sobre la estructura política y administrativa, incluidos los partidos de oposición y los organismos empresariales. A esta situación contribuye la falta de trabajo territorial, de cuadros organizados y de liderazgo dentro del partido guinda. Los senadores Alfonso Cepeda Salas —líder del SNTE— y Luis Fernando Salazar, aspirantes a la sucesión gubernamental de 2029, podrían ser el revulsivo que Morena necesita en el estado. Si el PT y el Partido Verde se suman en torno a la candidatura que impulse la presidenta Sheinbaum apoye, el panorama electoral podría cambiar radicalmente.






