La captura del mandatario venezolano Nicolás Maduro ha generado una fractura en el oficialismo mexicano, provocando la suspensión indefinida de una reunión clave en el Senado. En dicha sesión, se planeaba autorizar el ingreso de tropas de élite estadounidenses, incluyendo miembros de los Navy Seals y del 7º Grupo de Fuerzas Especiales, para realizar labores de capacitación al Ejército Mexicano.
La parálisis legislativa fue impulsada por senadores cercanos al expresidente Andrés Manuel López Obrador, quienes buscan adoptar una postura de mayor confrontación hacia Donald Trump. Esta división evidencia una tensión interna en la izquierda mexicana: mientras la presidenta Claudia Sheinbaum intenta mantener una relación pragmática y de cooperación con Washington para evitar intervenciones unilaterales contra los cárteles, el sector más radical del partido Morena prioriza la defensa de la soberanía y la crítica directa a las acciones de Estados Unidos en la región.
Diferencias en la respuesta diplomática
La respuesta del Gobierno de México se ha fragmentado en dos frentes:
- Postura Ejecutiva: La presidenta Sheinbaum ha mantenido una crítica moderada, señalando la ruptura del orden legal pero evitando ataques personales contra Trump.
- Postura del «Lópezobradorismo»: Tras cuestionamientos públicos del expresidente en redes sociales, simpatizantes mexicanos realizaron manifestaciones en la embajada de EE.UU., lo que ha sido interpretado como un desafío a la línea oficial del Palacio Nacional.
En el ámbito internacional, México se unió a Brasil, Chile, Colombia, Uruguay y España en un comunicado conjunto. Los gobiernos manifestaron su rechazo a cualquier intento de «apropiación externa» de los recursos estratégicos de Venezuela, en clara alusión a las declaraciones de Trump sobre la entrada de petroleras estadounidenses para gestionar la infraestructura venezolana como forma de «reembolso» por daños económicos.






