Es uno de los países del mundo con mayor igualdad entre hombres y mujeres, tanto en el aspecto legal y laboral como en la vida diaria
Mi primer contacto con un danés fue a principios de los ochenta del siglo pasado. Mi papá, don Jesús Hernández Cuevas, me consiguió con el gerente de la planta de Cementos Mexicanos (Cemex) de Torreón hacer mis prácticas profesionales en esa empresa para obtener el título de Ingeniero Industrial con especialidad en electricidad. Él era obrero, operador de un camión de carga de volteo de treinta toneladas, con el que acarreaba piedra de la pedrera de la fábrica a los molinos para surtir los hornos y elaborar el cemento. En ese tiempo estaban instalando el horno rotatorio número tres para calcinar cemento. Esos hornos los fabricaba la empresa danesa FLSmidth, la cual cerró en 2025 la división de cemento.
Para mis prácticas profesionales, el gerente me mandó con uno de los tres ingenieros daneses que coordinaban la instalación del horno, específicamente el que dirigía la instalación eléctrica. Él, entre otras cosas, me compartió que en su país, antes de la temporada de frío y nieve, tenían la de lluvias. Las casas se humedecían y, para que estuvieran habitables en invierno, al final del periodo de lluvias encendían la calefacción para secarlas. Este proceso no se necesita en La Laguna; las casas siempre están secas por el calor. Acá, en el semidesierto lagunero, hay muchos días de sol y tolvaneras. Lo que se requiere es limpiar las casas del polvo.
Mi segundo encuentro con un danés fue con el esposo de mi hija Gaby. Lo conocí en la Ciudad de México. Pasamos por ellos, mi hija Jimena y yo, al hotel donde se hospedaban. Luego tomamos un taxi que, con el fin de ganar tiempo, salió en sentido contrario por unos metros para tomar Paseo de la Reforma. En la esquina nos topamos con una patrulla de tránsito. El taxista se detuvo y, ya preparado con el moche, esperó al agente de vialidad, a quien se lo entregó, dizque con discreción, pero mi yerno, Christian, se dio cuenta y no cabía en su asombro. Le decía a mi hija: “¡Eso no pasa en Dinamarca!”. Su país está catalogado como el menos corrupto del mundo, según el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional.
En diciembre pasado, Jimena y yo visitamos a mi hija Gaby, a Christian, Emma y Esther en Odense, Dinamarca. Su clima era impactante, para mí, siempre lloviendo y sin sol, con bajas temperaturas y nieve. Es un país de unos 6 millones de habitantes, constituido por islas. Las tres principales ciudades son la capital, Copenhague, con un millón 200 mil habitantes; Aarhus, con 243 mil; y Odense, con 166 mil. En los días de visita nunca vi policías ni agentes de vialidad. Me impresionó que las calles están muy limpias, diseñadas para caminarlas o transitarlas en bicicleta. La mitad de la gente se traslada en bicicleta a su trabajo y a la escuela. Los medios de transporte, trenes y autobuses, son muy puntuales, seguros, accesibles y están en excelentes condiciones.
Dinamarca es uno de los países que, en un mundo globalizado y neoliberal, mantiene un Estado de bienestar moderno y desarrollado, caracterizado por una alta protección social, que permite una buena sanidad para todos, educación gratuita de alta calidad, con subsidio del Estado mensual para todos los estudiantes mayores de edad, así como jubilaciones dignas, servicio médico gratuito de alta calidad y estancia gratuita en hospitales. No hay peajes. Con un subsidio de vivienda para personas con salarios bajos.
En el Índice de Paz Global, se encuentra entre los diez países más pacíficos y seguros del mundo. El trato social de los daneses es muy informal y relajado. Para ellos es muy importante la familia, tienen un alto grado de convivencia y aprovechan la cena para eso; es su comida más sustancial. Es uno de los países del mundo con mayor igualdad entre hombres y mujeres, tanto en el aspecto legal y laboral como en la vida diaria. En el hogar, las labores domésticas son compartidas. Los jóvenes daneses se emancipan antes que en otros países de Europa, pues desde niños les inculcan la independencia temprana.
Dinamarca en 2025 ocupó el noveno lugar en innovación de acuerdo con el Índice Global de Innovación. La mayoría de sus edificios están construidos de ladrillo, sin enjarre. Los daneses son generosos, comprometidos con su sociedad, que es cada vez más justa y consciente. Han enfrentado sus adversidades con una respuesta clara y determinada. Son un ejemplo de sociedad.






