En su columna «Dignidad y ética», Arnoldo Kraus nos invita a una profunda reflexión sobre la relación disfuncional entre el poder político y la ética, un binomio que, en sus palabras, se ha tornado «maligno». Kraus parte de una premisa personal, un aforismo antiguo de su cuaderno: las grandes metas de la ética son bregar por la justicia y aspirar a la felicidad. A estas, él añade una tercera esencial para la ética laica: «fomentar y/o respetar la autonomía».
El autor traza un panorama desolador de la realidad mexicana, donde la clase política, sin importar la sigla (PRI, PAN, PRD, Morena, u otros), falla estrepitosamente en gestionar la justicia, procurar la felicidad y permitir la autonomía de los ciudadanos. Para Kraus, existe una relación inversamente proporcional entre la corrupción e impunidad rampantes en el país y el sano ejercicio de estos principios éticos fundamentales. México es, en su visión, un triste ejemplo de este «desaseo».
Uno de los puntos centrales del análisis de Kraus es la erosión o pérdida de la dignidad de las personas cuando se ven sumidas en la injusticia, la infelicidad y la falta de autonomía. De manera contundente, señala que una de las apuestas tácitas del Poder es precisamente destruir esta dignidad. Sin dignidad, argumenta, se pierde la autoestima, la capacidad de protesta y de sumar voces; se acepta el destino y las dádivas del Estado, y la vida se reduce a una mera supervivencia.
Kraus subraya que la falta de educación y la pobreza son el «caldo de cultivo» perfecto para que el Poder ejerza su opresión. Cuando estos elementos se suman a la carencia de dignidad, el fenómeno de aplastamiento se agrava. En un sistema donde el «Poder omnímodo y omnipresente» siempre gana, la ética laica, lamenta el autor, «siempre pierde».
La columna se enriquece con una cita de Jesús María Ayuso Díez, quien, al presentar la obra de Emmanuel Lévinas, plantea que la ética es anterior a la ontología, y la justicia previa a la verdad. Esta perspectiva lleva a Kraus a una interrogante crucial: ¿Por qué la ética siempre cede ante la vileza del Poder, si es, en esencia, anterior a la existencia misma? Aunque el autor considera que la cronología entre ontología y ética es debatible, enfatiza con certeza que la ética debe ser fomentada, cultivada y contagiada, considerándolo un imperativo para la sociedad.
En «Dignidad y ética», Arnoldo Kraus no solo diagnostica una profunda crisis moral en la esfera política, sino que también nos interpela sobre la responsabilidad individual y colectiva de resistir la erosión de la dignidad y de perseverar en la indispensable tarea de cultivar una ética que, a pesar de los obstáculos, debe ser el pilar de una sociedad más justa y humana.






