Todos los esfuerzos del government están orientados a evitar que el péndulo complete otro de sus ciclos oscilatorios naturales, mandando a la masa al otro extremo de la curva
La inercia de los cambios de régimen
En su artículo de opinión, el escritor Enrique Abasolo reflexiona sobre un defecto común de la democracia: la inercia pendular. Según el autor, cuando una administración gobierna, inevitablemente genera desgaste y personas insatisfechas. Esto provoca que, tarde o temprano, la ciudadanía busque un cambio radical votando por el adversario más antagónico para castigar al gobierno en turno.
Votar por hartazgo, no por matices
Abasolo señala que las elecciones suelen reducirse a preguntas binarias donde la gente contesta si quiere que el régimen repita o no. Los votantes no pueden elegir matices o combinar lo mejor de diferentes propuestas. Por ejemplo, menciona cómo en Estados Unidos el descontento llevó al poder a Donald Trump y cómo en Brasil la población baraja opciones como la de los Bolsonaro debido al cansancio con los partidos tradicionales. El autor recalca que el comportamiento masivo en las urnas responde al hartazgo más que a un análisis político profundo.
El caso de México y la gravedad política
Al analizar la situación de México, Abasolo se pregunta si el país podría experimentar este cambio pendular y pasar de un gobierno de Morena a una fuerza opositora. Aunque reconoce que la oposición actual enfrenta grandes debilidades, advierte que un candidato opositor con un discurso radical podría capitalizar la animadversión ciudadana.
Sin embargo, el autor aclara que un cambio no garantiza una mejor opción, pues «que el presente régimen apeste no significa, de ninguna manera, que no exista margen para empeorar». Aunque los gobiernos populistas logran ganar tiempo llenando bolsillos e inflando el orgullo de la gente, las estrategias oficiales buscan evitar a toda costa que el péndulo complete su ciclo natural. Finalmente, Enrique Abasolo concluye con una advertencia sobre las leyes de la política: a la gravedad jamás le ha ganado nadie, ni en la física ni en las urnas.






