Incertidumbre operativa en el inmueble de Santa Úrsula
A menos de un mes de que el Estadio Azteca deba ser entregado formalmente a la FIFA, la remodelación del inmueble —ahora denominado comercialmente Estadio Banorte— presenta fallas críticas que ponen en duda su capacidad para albergar la inauguración de la Copa del Mundo el próximo 11 de junio. Pese a que las obras iniciaron en mayo de 2024 bajo la gestión de Grupo Ollamani, empresa de Emilio Azcárraga Jean, la reapertura reciente ha evidenciado que los trabajos se limitaron a un tratamiento superficial insuficiente para las exigencias internacionales.
Las quejas de los aficionados tras la reinauguración técnica del pasado 28 de marzo señalan problemas estructurales graves. En las zonas bajas, la visibilidad es nula debido a la mala disposición de las nuevas butacas, lo que obligó a inhabilitar filas enteras en encuentros recientes de la Liga MX. Asimismo, se han reportado acabados inconclusos en sanitarios, desprendimiento de concreto en las gradas y la persistencia de barreras arquitectónicas que impiden el acceso a personas con discapacidad.
En el ámbito tecnológico, la conectividad ha resultado fallida. Durante eventos de prueba, la red WiFi de alta densidad exigida por la FIFA colapsó, impidiendo la lectura de boletos electrónicos y dificultando la labor de la prensa internacional. A esto se suma el conflicto administrativo con los dueños de palcos y plateas, que derivó en un costo de 62.4 millones de dólares para la administración tras una disputa legal por el uso de estos espacios durante el torneo.
La gestión actual del recinto refleja la crisis administrativa que impera en el fútbol nacional. Mientras otros estadios de la región avanzan en modernización funcional, el Coloso de Santa Úrsula enfrenta una cuenta regresiva con obras a contrarreloj y parches estéticos que no ocultan el deterioro de un patrimonio deportivo que, a día de hoy, no garantiza estándares de excelencia.






