POR SIMON ROMERO
Durante décadas, personas de izquierda de toda Latinoamérica han visto a Cuba como un referente ideológico.
Fidel Castro y sus guerrilleros melenudos inspiraron a gente de toda la región al reducir drásticamente el analfabetismo, ampliar la atención de salud pública y aumentar la esperanza de vida. Incluso entre los opositores de Castro, Cuba solía ganarse un respeto a regañadientes por ser un bastión inquebrantable de la resistencia a generaciones de presidentes estadounidenses.
Pero ahora Cuba se está quedando sin petróleo (aquí puedes leer en español sobre su crisis energética) y su economía se acerca al colapso. Una nueva oleada de líderes de derecha en Latinoamérica no la ve como un lugar de nostalgia revolucionaria, sino de disfunción autoritaria. Y los políticos de izquierda que están al timón de los tres países más poblados de la región —Brasil, México y Colombia— han dejado que Cuba se hunda en lugar de proporcionarle envíos de combustible de emergencia y arriesgarse a provocar la ira de Trump.
Su postura es un cambio radical. Y en conjunto, la reorientación de Latinoamérica respecto a Cuba refleja una transformación aún más drástica en la política de la región.
La antigua cuna de la revolución
En los últimos tres meses, Cuba se ha sumido en el aislamiento.
Venezuela, que alguna vez fue el principal proveedor de petróleo de Cuba, dejó de enviar combustible luego de que Estados Unidos capturara al presidente Nicolás Maduro y tomara el control.






