Soy de la generación que hizo -y aún hace- toples con naturalidad. Con la madurez, sin embargo, empezamos a ponernos la parte de arriba, sin que eso significara renegar de la herencia de las que nos precedieron
La periodista María José Fuenteálamo reflexiona en este artículo sobre la historia del cuerpo femenino, los prejuicios culturales alrededor del pecho de las mujeres y las razones actuales por las cuales muchas han decidido volver a cubrirse en las playas.
El peso cultural y el negocio del pecho
María José Fuenteálamo señala que, a lo largo de los años, los pechos femeninos han estado expuestos al juicio y a las opiniones ajenas. Aunque su función natural es amamantar, la sociedad los ha visto como motivo de controversia o erotismo. La autora menciona que existe un gran mercado alrededor de ellos, desde las cirugías estéticas hasta la industria de la leche de fórmula. También recuerda como dato curioso que la leche materna tiene un valor altísimo en países como Noruega debido al ahorro que genera en salud pública.
La diferencia entre hombres y mujeres
En el texto se destaca la desigualdad que existe sobre mostrar el torso en público. Mientras los varones andan sin camiseta en la playa o la piscina sin que exista una palabra específica para calificarlo, en el caso de las mujeres se le llama toples. Fuenteálamo comenta que el estándar social afecta a todos, incluso a los hombres que padecen crecimiento mamario o ginecomastia, lo que demuestra lo estrictas que son las normas sobre el aspecto físico.
Historia y conquistas sociales
La autora repasa momentos clave del destape en la historia reciente, como la primera aparición en el cine español o la llegada de movimientos internacionales que buscan liberar el cuerpo de las mujeres de normas patriarcales. Mostrar el pecho se convirtió con el paso de las décadas en un derecho conquistado y en una forma de expresión frente a la censura de diversos sectores.
Cuidado de la salud por encima del pudor
Frente a quienes afirman que el toples ha bajado por vergüenza, por el impacto de las redes sociales o por un nuevo pudor entre las jóvenes, la periodista aporta una razón distinta desde la perspectiva de su generación. Explica que la decisión de volver a usar la parte superior del traje de baño no responde a complejos ni a la mirada de los demás, sino a la salud: la necesidad de proteger del sol una zona de la piel que es especialmente delicada.






