Miles de personas se manifestaron este sábado en el centro de Copenhague para expresar un rechazo contundente a las declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la posibilidad de adquirir Groenlandia. Bajo la consigna principal de «Groenlandia no está en venta», la movilización congregó a más de 15.000 asistentes en la plaza del Ayuntamiento, donde se dieron cita organizaciones de groenlandeses residentes en Dinamarca, la ONG Ayuda a la Acción y figuras políticas de alto nivel.
Durante el evento, la alcaldesa de Copenhague, Sisse Marie Welling, enfatizó que la soberanía de los pueblos no es una mercancía y que el mapa del mundo no puede alterarse por los caprichos de las potencias globales. Por su parte, líderes y representantes groenlandeses advirtieron que esta situación no solo afecta a su territorio, sino que pone en riesgo la estabilidad del orden mundial y los principios democráticos. Las calles se llenaron de banderas danesas y groenlandesas, acompañadas de cánticos en lengua inuit que reivindicaban la pertenencia de la isla a sus habitantes originales.
La portavoz de la organización Uagut, Julie Rademacher, describió un clima de profunda angustia emocional entre la comunidad groenlandesa, señalando que las amenazas han provocado crisis de ansiedad y una sensación de traición por parte de aliados históricos. Rademacher subrayó que la población se siente vulnerable ante lo que calificó como una campaña de guerra psicológica, instando a la comunidad internacional a reaccionar antes de que este tipo de presiones se extiendan a otras regiones.
Paralelamente, las protestas se extendieron a otras ciudades danesas como Aarhus, Odense y Aalborg, así como a la capital groenlandesa, Nuuk. Testimonios como el de Jens-Jacob Simonsen, un inuit con experiencia de vida en Estados Unidos, reflejan un sentimiento generalizado de temor frente a la imprevisibilidad de la administración estadounidense, aunque también destaca un efecto imprevisto: la cohesión sin precedentes de las fuerzas políticas groenlandesas ante la presión externa. En definitiva, la jornada dejó claro que tanto en Dinamarca como en el Ártico existe una resistencia firme contra cualquier intento de vulnerar la autodeterminación de Groenlandia, exigiendo el cese de lo que consideran una retórica propia de siglos pasados que no tiene cabida en el sistema legal y diplomático actual.






