Lastres heredados
Con el encargado de investigar los delitos y de brindar protección a los mexicanos durante las administraciones de Vicente Fox y Felipe Calderón (2000-2012) sentenciado a 38 años de prisión en Estados Unidos por narcotráfico y delincuencia organizada, ¿cómo desmentir las acusaciones de la Casa Blanca sobre la influencia de los carteles en el Gobierno federal? Los señalamientos no hacen sino confirmar una vieja certeza. Las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas nacieron, crecieron y se multiplicaron a ciencia y paciencia del poder político y de las agencias creadas para combatirlos. Su estructura involucra a bancos, empresas y agentes económicos y sociales. La bibliografía al respecto es abundante.
Genaro García Luna parecía ser un policía ejemplar y la respuesta de los presidentes panistas al fenómeno de la violencia. La imagen la compartían Gobiernos e instituciones de otros países, de los cuales recibió premios y distinciones a lo largo de su carrera, iniciada en el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), en el Gobierno de Carlos Salinas de Gortari. Karen P. Tandy, administradora de la agencia antinarcóticos de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés), le entregó en junio de 2004 un reconocimiento por su colaboración en la lucha contra el narcotráfico. García se desempeñaba entonces como director de la Agencia Federal de Investigación (AFI), creada por Fox.
Tres meses después, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) reconoció su trabajo por las investigaciones y el arrestos de fugitivos. Sin negarle méritos, que debe tener, ni capacidad para engañar por tanto tiempo a sus jefes y a la opinión pública, muchas de las acciones de García Luna se basaron en la teatralidad. Un ejemplo es el de Florence Cassez e Israel Vallarta, cuya detención estuvo plagada de irregularidades. El director de la AFI les atribuyó el liderazgo de la banda de secuestradores «Los Zodíacos». La captura de Vallarta y de Cassez no ocurrió el 9 de diciembre de 2005 en el rancho «Las Chinitas», como informaron las autoridades, sino el día previo en una carretera.
García Luna recurrió a un montaje burdo para acreditar el operativo en «Las Chinitas», celebrado por Carlos Loret de Mola en su programa Primero Noticias. Entonces nadie dijo nada de la mano (de Luis Cárdenas Palomino) que oprimía el cuello de Vallarta para obligarle a declarar. En «Una novela criminal», el escritor Jorge Volpi narra el caso paso por paso. La obra obtuvo el Premio Alfaguara 2018 y Netflix la llevó a las pantallas en 2022 con un documental homónimo de cinco capítulos dirigido por Gerardo Naranjo. Después del denominado «mayor montaje televisivo de la historia mexicana», Felipe Calderón le encomendó a García Luna la seguridad del país y la guerra contra el narcotráfico.
La acusación de la Casa Blanca tiene, pues, sustento y antecedentes históricos irrebatibles. El juez Brian Cogan, quien sentenció a García Luna, le arrebató la máscara al ex zar antidrogas de México: «Usted tiene la misma matonería que el Chapo, solo que la manifiesta de forma diferente». El narcotráfico no desparece con las alternancias ni los carteles se disuelven con discursos. La presidenta Claudia Sheinbaum carga, en este sentido, con lastres heredados. Sin embargo, deberá demostrar que su Gobierno está exento de vínculos con la delincuencia organizada, existentes en administraciones previas al ascenso de Morena al poder. No será fácil por los intereses en juego, pero el país ya no soporta más simulación.