La espada de Damocles
En todas las sucesiones del gobernador, el PRI empezó con ventaja. La única vez que el poder pudo cambiar de manos fue en 2017, cuando el panista Guillermo Anaya parecía haber ganado por un margen estrecho, pero el Instituto Estatal Electoral se decantó por Miguel Riquelme. La ciudadanía colmó calles y plazas para denunciar un supuesto fraude y pedir nuevas elecciones. El oficialismo permaneció en vilo casi medio año hasta que, en vísperas del cambio de Gobierno, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) validó el resultado. Seis años después, el trabajo político de Riquelme y el perfil de Manolo Jiménez le permitieron al PRI no solo revertir la tendencia, sino también obtener la votación más copiosa.
Coahuila volverá a las urnas en 2026 y 2027 para elegir diputados locales y alcaldes, respectivamente. El PRI domina el Congreso y la mayoría de los municipios (25 de 38). Por ahora no se vislumbran cambios importantes. Morena es segunda la fuerza electoral y solo cuenta con cuatro alcaldías y cinco diputaciones, todas de representación proporcional. El PAN no es ni la sombra de lo que fue hace ocho años. Hoy solo tiene Cuatro Ciénegas, una de las cabeceras menos pobladas del estado, y cinco curules debido a su alianza con el PRI, en 2023, la cual redujo drásticamente su votación.
Morena gana las elecciones presidenciales en Coahuila con facilidad. Claudia Sheinbaum superó a Xóchitl Gálvez (PAN-PRI-PRD) por casi un cuarto de millón de votos. Empero, en los procesos locales el partido guinda retrocede. En 2017 y 2023, cuando candidateó a Armando Guadiana para gobernador, recibió el 11.9 y el 21% de los votos, muy por debajo del PRI. Guadiana pudo haber inclinado la balanza por Guillermo Anaya, pero el frente con la derecha era impensable. En otro tiempo, también hubiera sido insólito ver las siglas de Acción Nacional y del PRI juntas en las boletas para gobernador y presidente. Los militantes y simpatizantes del PAN tomaron la decisión como un agravio y no votaron o lo hicieron por Sheinbaum.
Morena no ha crecido en Coahuila —como en la mayoría de los estados— por varios factores, dos de los cuales son determinantes: 1) falta de liderazgos y cuadros idóneos y comprometidos con la 4T; y 2) servilismo de algunos diputados guinda con el poder. Las pugnas y el personalismo de legisladores como Antonio Attolini impiden que los programas sociales y la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum en el estado se reflejan en las urnas. Temas sensibles como el moreirazo y las empresas fachada permanecen ausentes de la agenda de Morena en la Legislatura local.
No significa que las cosas vayan a permanencer igual indefinidamente. El futuro plantea al gobernador Jiménez retos enormes. El primero consiste en mantener la gobernabilidad y el control del estado, y evitar conflictos con la federación. El segundo, consolidar la unidad del PRI y su estructura política. El menor descuido, fractura o error de cálculo puede devenir crisis. El tercero, trazar estrategias adecuadas para cada elección, en particular la de 2029, cuando se elija a su sucesor. Por último, preparar oportunamente a su delfín, dotarlo de la plataforma adecuada y de la suficiente visibilidad, como él la tuvo como alcalde. La clave de las cuatro últimas sucesiones fue esa. ¿Resistirá el modelo una nueva prueba o se buscará otra vía? Coahuila vuelve a estar en el punto de mira de Morena, pero ahora bajo el tándem de María Luisa Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán.






