Las claves del poder
El ciclo de Andrés Manuel López Obrador terminó y el de Claudia Sheinbaum apenas empieza. La presidenta ha probado, en los primeros meses de su Gobierno, que la continuidad del proyecto político y social que sentó las bases para el cambio régimen es posible con apertura, diálogo y concertación. No necesita desandar lo avanzado con sacrificios, traicionar los principios que lo inspiran y, menos aún, ceder a los intereses de la oligarquía nacional y extranjera, pero sí utilizar su liderazgo para unir al país frente a las presiones de la satrapía trumpista.
Claudia Sheinbaum se preparó para ser presidenta. Mujer de carácter, entiende el poder y sabe descifrar sus claves. Ganar con la votación más elevada (36 millones) y tener mayoría calificada en el Congreso y en la Cámara de Senadores le confieren, además de legitimidad, autoridad. Su partido gobierna 24 estados y es la primera fuerza en 27 legislaturas locales. La alternancia, que las oposiciones, los grupos de interés y otras fuerzas adversas a la 4T esperaban en las elecciones de 2024, acabó en fantasía. No era posible porque, además de atender las demandas de las mayorías con programas sociales y de separar el poder político del económico, Morena supo lidiar y resolver sus conflictos internos.
Sheinbaum ha demostrado por ahora estar a la altura de las circunstancias y tener capacidad y energía para tratar con un presidente de Estados Unidos, Donald Trump, iracundo y desbocado. También ha convencido que la mejor opción para ejercer el cargo era ella. El Plan México, acogido con optimismo por las fuerzas económicas y políticas, plantea, entre otros objetivos, colocar al país entre las 10 economías más fuertes del mundo, actualmente es la número 12. Elevar la inversión pública y privada al 30% con respecto del PIB, en 2030, figura entre las 13 metas. También se propone crear 100 parques industriales y 1.5 millones de empleos especializados. El plan destaca, asimismo, disminuir la pobreza y la desigualdad mediante el sostenimiento y ampliación de los 9.5 millones de mexicanos rescatados de la pobreza en los seis últimos años.
En un ambiente marcado por la zozobra causada por las amenazas intervencionistas del presidente Trump, Sheinbaum pidió a los mexicanos, en la ceremonia del 13 de enero en el Museo de Antropología, saber «que hay un plan, que hay desarrollo. Que frente a cualquier incertidumbre que venga en el futuro próximo, México tiene un plan y está unido hacia adelante». En la presentación del proyecto participaron, además de los líderes empresariales, los gobernadores de todos los partidos. El país reclama cerrar filas, y la presidenta ha dado pasos para mantener a México en la dirección correcta.
El objetivo, puntualiza Sheinbaum, consiste en incorporar a «todos a esta visión de nuestro país, que sea parte, cada uno de los mexicanos (…), por más diferencias que tengamos, en una visión de largo plazo». Sheinbaum tiene otras formas, más amables, pero firmes, de llevar el timón, pero el proyecto es el mismo. La responsabilidad de continuarlo, y aun de mejorarlo, corresponde a ella. La administración de Donald Trump ofrece riesgos, pero también oportunidades. Aprovecharlas dependerá del liderazgo de Sheinbaum y de la unidad de los mexicanos. No es la primera tormenta que México afronta ni será la última. Y en circunstancias de amenaza y riesgo, como las actuales, en lugar de achicarse, se crece.