«La paz o la guerra, el diálogo o la confrontación»: Xi Jinping
El 3 de septiembre, Beijing fue escenario de un imponente desfile militar para conmemorar el 80 aniversario de la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial, un evento que se convirtió en una demostración de poder de China ante el mundo. El presidente chino, Xi Jinping, fue el anfitrión del desfile y estuvo flanqueado por dos figuras clave en el actual panorama geopolítico: el presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder norcoreano, Kim Jong Un. Este encuentro, el primero en público de los tres líderes, subraya una creciente alineación entre estas naciones, en gran parte aisladas por Occidente.
El evento, que exhibió lo último en equipamiento militar chino, desde misiles hipersónicos hasta drones submarinos, fue en gran medida rechazado por los líderes occidentales. En su lugar, figuras como Putin y Kim, considerados parias por la guerra de Ucrania y las ambiciones nucleares de Corea del Norte, fueron los invitados de honor. La presencia de Putin, quien posteriormente se reunió con Kim, refuerza el apoyo de Rusia a Corea del Norte, especialmente después de que en junio de 2024 firmaran un pacto de defensa. Kim, por su parte, aprovechó la oportunidad para obtener apoyo implícito para su programa de armas nucleares.
En su discurso, Xi Jinping advirtió que la humanidad se enfrenta a una elección crucial entre «la paz o la guerra, el diálogo o la confrontación», una clara referencia a la visión de China de un nuevo orden mundial. Su declaración contrasta con el «unilateralismo trumpiano» que, según analistas, ha creado incertidumbre en el sistema internacional. El desfile, con su despliegue de tecnología militar avanzada, también sirvió como una forma para que Xi reforzara el patriotismo interno y proyectara los logros de China en la modernización de su ejército, a pesar de las purgas internas de generales de alto rango.
El evento también tuvo momentos inesperados, como la aparición del presidente de Indonesia, Prabowo Subianto, a pesar de las protestas en su país, y el apretón de manos de Kim Jong Un con el presidente de la Asamblea Nacional de Corea del Sur. Sin embargo, la tensión entre las dos Coreas se mantiene, ya que Pyongyang ha rechazado las recientes propuestas de Seúl para estabilizar las relaciones. La visita de Kim también incluyó a su hija Ju Ae, a quien la inteligencia surcoreana considera como su posible sucesora, aunque no se la vio en el desfile.
Mientras Xi, Putin y Kim discuten formas de estrechar lazos, el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, comentó sobre el evento en Truth Social. En su mensaje, destacó el papel de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y de forma irónica felicitó a los tres líderes por «conspirar contra los Estados Unidos». El Kremlin desestimó la acusación, sugiriendo que Trump estaba siendo sarcástico.
En general, el desfile de Beijing fue un espectáculo cuidadosamente orquestado para proyectar el poderío militar y la influencia diplomática de China, y para solidificar su creciente alianza con Rusia y Corea del Norte. Para Xi, es un momento en el que el gigante asiático reafirma su lugar como una potencia global, capaz de definir la agenda de seguridad regional y de desafiar la hegemonía occidental.






