Saltillo, Coahuila; 30 de junio de 2025 – El Partido Acción Nacional en Coahuila, con una obstinación casi poética, parece haberse especializado en el arte de tropezar dos veces con la misma piedra. Lo que presenciamos hoy es el nacimiento de un «nuevo PAN» que, a decir verdad, es una copia desdibujada del anterior, sin rumbo claro y con una alarmante falta de autocrítica. La lección más básica de la política, la de la renovación y el liderazgo, parece haberles pasado de largo.
No se necesita ser un estratega político de alto calibre para advertir que el PAN coahuilense ha perdido su esencia, su voz y, lo más grave, su conexión con la militancia. Sus recientes «logros», si es que se les puede llamar así, han sido un mero espejismo, resultado de la generosidad –o quizás la estrategia de contención– de su aliado, el PRI. Dos secretarías estatales de bajo perfil y cuatro diputados más proclives a levantar la mano que a presentar iniciativas de calado, son el magro botín de una alianza que, para Acción Nacional, ha resultado en una especie de «abrazo de oso» que lo ha asfixiado.
El gran error, el que se repite con dolorosa regularidad, es la ceguera ante la necesidad imperante de renovar sus mandos estatales. Es evidente que los mismos rostros, con las mismas estrategias y los mismos vicios, no pueden generar resultados diferentes. La militancia, esa base que debería ser el motor y la voz del partido, ha sido ignorada, sus inquietudes desatendidas y su descontento palpado en cada elección donde el blanquiazul muestra su real tamaño. «Chango viejo no aprende maroma nueva», reza el dicho popular, y en el caso del PAN Coahuila, esta máxima se aplica con una precisión que duele.
Mientras los dirigentes actuales se aferran a lo poco que les queda, la oportunidad de reconectar con la ciudadanía se esfuma. Un partido sin plan, sin visión y sin la audacia de romper con los viejos esquemas, está condenado a la irrelevancia. El PAN en Coahuila necesita urgentemente un sacudón desde sus cimientos, una inyección de nuevos liderazgos que comprendan la dinámica política actual y que sean capaces de reconstruir la confianza, no con acuerdos cupulares, sino con trabajo real en la calle y una auténtica representación de los intereses ciudadanos. De lo contrario, seguirá siendo un mero apéndice, un nombre en la boleta sin verdadero peso ni propuesta. La hora de la reflexión profunda, y sobre todo, de la acción, ha sonado.






