La Fórmula 1, en su búsqueda de dominio global y tras el auge de su popularidad, especialmente en Estados Unidos gracias a la serie «Drive to Survive», ha sido criticada por lo que algunos consideran una decisión «increíblemente irrespetuosa» en su calendario de 2026. El anuncio revela un conflicto directo entre el Gran Premio de Canadá en Montreal y las icónicas 500 Millas de Indianápolis, programadas aparentemente a la misma hora, el mismo día y en el mismo continente.
Ambas carreras son eventos clave en el mundo del automovilismo. Las 500 Millas de Indianápolis, una tradición de 109 años, atraen a casi 350,000 espectadores y gozaron de su mayor audiencia televisiva en 17 años (más de 7 millones de personas) este año. Por su parte, el GP de Canadá tuvo 1.8 millones de espectadores en EE. UU. el pasado junio.
La decisión de la F1, propiedad de la empresa estadounidense Liberty Media, sorprende a muchos, dado que la Indy 500 es parte de la Triple Corona del Automovilismo (junto con las 24 Horas de Le Mans y el GP de Mónaco de F1), una hazaña que pilotos como Fernando Alonso han intentado lograr. Los críticos argumentan que, a pesar de las consideraciones logísticas para el calendario (como la necesidad de agrupar las carreras de Miami y Montreal y las restricciones climáticas para Canadá), la F1 parece haber ignorado la importancia de esta tradición automovilística.
Este solapamiento no solo afecta a los aficionados que desean seguir ambas carreras, sino que también plantea interrogantes sobre la percepción de la F1 en la comunidad del automovilismo. Aunque la F1 goza de un éxito financiero sin precedentes, con ingresos millonarios y asociaciones de alto perfil, la situación recuerda a la experiencia de la NASCAR a principios de los 2000. En aquel entonces, la NASCAR sobrestimó su popularidad, lo que llevó a una disminución repentina en sus audiencias y patrocinios.
Si bien la F1 no parece estar en riesgo de un declive inminente a nivel global, el ecosistema del automovilismo es frágil. La decisión de competir directamente con un evento tan arraigado como la Indy 500 podría ser vista como un paso en falso que, a la larga, podría tener consecuencias para la percepción y el futuro del deporte.






