La alianza de poder económico y político nos conduce a un mundo en el que el individuo es un mero consumidor
En su columna, Pedro García Cuartango realiza un análisis crítico sobre la erosión de las democracias parlamentarias y el ascenso de un nuevo orden autoritario basado en la tecnología. El autor utiliza la figura de Alexis de Tocqueville como punto de partida, recordando cómo el pensador francés identificó la aspiración de igualdad como la fuerza motriz del cambio social tras la Revolución Francesa, viendo en la democracia americana el fin de la aristocracia y la consolidación de derechos individuales.
Cuartango argumenta que el modelo de bienestar y estabilidad surgido tras la Segunda Guerra Mundial, fundamentado en las ideas de pensadores como Karl Popper e Isaiah Berlin, ha entrado en una fase terminal. Factores como la globalización, los flujos migratorios y la irrupción de nuevas tecnologías han fracturado el consenso liberal, abriendo paso a populismos y movimientos de extrema derecha que cuestionan la división de poderes. Según el columnista, el liberalismo clásico, que defendía la libertad individual frente al control estatal, parece haber muerto en el contexto actual.
El núcleo de la crítica de Cuartango se centra en la emergencia de un «capitalismo tecnológico». En este sistema, los grandes conglomerados empresariales se alían estrechamente con el poder político, una tendencia que el autor observa tanto en el modelo de control estatal en China como en la relación entre Donald Trump y gigantes tecnológicos como Google, Apple y Amazon en Estados Unidos. Esta convergencia de intereses da lugar a lo que Shoshana Zuboff denomina «capitalismo de vigilancia», donde la intimidad se convierte en una mercancía y la tecnología se transforma en una herramienta de opresión.
La conclusión del autor es sombría: la utopía de igualdad de Tocqueville ha derivado en una pesadilla orwelliana. El individuo ha dejado de ser un ciudadano con capacidad de actuar según su propia voluntad para convertirse en un mero consumidor manipulado por emociones y relatos demagógicos. Bajo el mando de líderes con ambiciones totalitarias como Trump y Xi Jinping, la libertad entendida por Isaiah Berlin se desvanece, dejando al sujeto contemporáneo sometido a una vigilancia constante y a una acumulación de poder económico y político que anula la autonomía personal. Ante este panorama de control absoluto, el autor cierra con una expresión de desengaño y la pulsión de abandonar un mundo que ha traicionado sus principios fundacionales.






